esa otra que soy yoesa otra que soy yo

7/5/26

Concurso de microrrelatos IES López de Arenas de Marchena

«Le escribimos desde la comisión organizadora del IES López de Arenas de Marchena, en Sevilla (ganador del 1º premio de Andalucía sobre el fomento de la lectura) para invitarla a participar en la sexta edición de nuestro Concurso de Microrrelatos». Así empezaba el email que recibí en septiembre de 2025, y que inicialmente ignoré pensando que se trataba de spam elaborado. Pero tras ese email, llegaron otros, y respondí con curiosidad y un poco a la defensiva, preparada para la burla cuando todo se revelase como una broma o una estafa.

«Sabemos de su trayectoria y el poder de sus imágenes para contar historias, por eso nos encantaría que eligiera una de sus obras para que sea el motivo de inspiración de los microrrelatos»... Y continuaban... ¿Mi obra? ¿Mi visión como artista? ¿Me hablaban a mí? Publicar «Los monstruos» me había dejado emocionalmente bloqueada y estaba sepultada, o escondida, en mi vida familiar, laboral, social... totalmente alejada de la ridícula idea de que soy artista.

Dije que sí. En un fogonazo de lucidez o de locura, aún no sé cuál impera cuando avanzo hacia lo desconocido, me comprometí a estar el 24 de abril de 2026, el día de mi 45 cumpleaños, entregando los premios e impartiendo un taller en el instituto de Marchena que organiza el certamen. Quedaba muchísimo tiempo para entonces, ya vería cómo hacerlo, si lo hacía...

«Los días son largos y los años cortos»: De pronto, tenía que viajar y el sentimiento de farsante desubicada ocupaba todo mi ser. Empujada por el compromiso, o la lucidez o la locura una vez más, con mil razones que me habrían excusado de hacerlo (porque la vida siempre te da razones), llegué a Marchena. 

Lo que me esperaba allí fue un regalo. El instituto, inmerso en la Semana de Humanidades que culminaba ese viernes, rebosaba de actividad y vida. Estudiantes y profesores por todos lados, entre libros, exhibiciones y muchos, muchos carteles con mi cara: era la artista invitada. Y sí, de pronto, lo fui. Abrumada por las presentaciones, me fui contagiando de aquella euforia en torno a la educación pública, al amor por la enseñanza, a la palabra como herramienta para crecer y hacer crecer... Y la artista con ganas de hacer y enseñar y aprender y compartir, salió de su escondite.

En un aula de artes plásticas, unos 30 estudiantes mirándome, esperando que yo les contara... Y les conté. Con toda la honestidad con la que fui capaz, les conté lo que hago y cómo lo hago y por qué creo que lo hago. Y les anime a hacerlo también: a usar el arte como medio de expresión, a bajarlo del pedestal de la creación y ponerlo a nuestro servicio, como ayuda para buscarnos, para sacar de dentro lo que ni siquiera entendemos, para dejar que la emoción se vuelva tangible... Dije muchas cosas y no sé si se entendió alguna, pero yo entendí por qué estaba allí.

Como colofón, escuchar los microrrelatos finalistas, que tantas personas habían inventado inspirándose en una fotografía o en un verso míos... Qué afortunada me sentí. Una emite en su propia longitud de onda, sin saber si alguien recibirá la señal. Cuando alguien no solo la recoge, sino que la guarda y la amplifica, el mensaje por fin cobra sentido.