esa otra que soy yoesa otra que soy yo

27/1/21

renacida [poemas]

Dejé de desnudarme frente a los espejos.
La cámara ya no dibujaba los límites de mi piel.
Me perdí en alguna curva 
del laberinto oscuro 
que recorre mis entrañas,
ahogué el impulso,
olvidé la sed.
No me sirven ya los viejos mapas,
sólo hay tierra quemada a mis espaldas.
Y esta furia renacida,
este miedo confundido
con el deseo feroz
de devorar la vida,
antes de que ella me devore a mí.

22/1/21

«Tea Rooms. Mujeres obreras», de Luisa Carnés [mis lecturas]

«Tea Rooms. Mujeres obreras»
Luisa Carnés
Editorial Hoja de Lata
256 páginas
«Tal vez alimenta la tesis de que la única nobleza del globo la constituye la casta de los oprimidos, y le enorgullece pertenecer a ella».

Así habla Luisa Carnés a través de la reflexión de uno de sus personajes, femeninos en su mayoría, de esta novela coral y social. Ahí se posiciona, en ese cierto orgullo de quien pasa dificultades en la vida y lucha por salir adelante. Carnés habla desde la clase trabajadora para la clase trabajadora. 

«Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercaderes enriquecidos; precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que engendra rebeldes».

Y no sólo habla como clase trabajadora, habla como mujer para las mujeres. Quizá por eso me ha gustado el libro, porque impacta directamente en mis bases, porque interpela a mi orgullo de clase y a mi conciencia feminista. Impacta en mis bases y las hace tambalearse: Han pasado 87 años desde la publicación de «Tea Rooms» y sigue dolorosamente vigente. 

Carnés hace un retrato al óleo de la sociedad de su época, sirviéndose del reducido espacio de la sala de té donde entran, salen, viven, sufren, sueñan e incluso mueren sus personajes: Los albores del sindicalismo, la lucha obrera, las desigualdades sociales, la precariedad, el hambre, las reducidas opciones vitales de las mujeres (matrimonio, convento, trabajos decorosos y sacrificados, prostitución), los abortos ilegales, la determinación de algunas personas por salir adelante, la mezquindad de otras.

Con un manejo del lenguaje exquisito y vanguardista (al que le reconozco el valor, pero que ha sido lo que menos me ha enganchado del libro), «Tea Rooms» es un relato costumbrista. Como en una función de teatro, nos asomamos a lo que ocurre en ese salón de té durante un tiempo breve; la acción está iniciada cuando se abre el telón y continuará cuando se cierre. Y nos dejará, o nos dejará sólo a quienes compartimos las mismas bases, un puñado de buenas reflexiones dando vueltas en nuestras cabezas.

«¿Hasta cuándo? ¿Es que «esto» va a ser eterno? ¿Esta lucha del hombre contra el hombre, del hermano contra el hermano?»

Reflexiones vitales y la pesada sensación de que la sociedad ha evolucionado mucho pero no ha cambiado tanto. Las dimensiones de los «salones de té» en los que estamos encerradas hoy en día son mayores ya para muchas, pero el encierro continúa. 

«Ahora, ante la mujer se abre un camino nuevo… […] Ese camino nuevo, dentro del hambre y del caos actuales, es la lucha consiente por la emancipación proletaria mundial».

«¿Cuándo será oída su voz?» Una última pregunta para cerrar el libro, que sigue en el aire. La suya, la de Luisa Carnés, al menos, ha dejado de estar silenciada. Mujer y republicana, exiliada tras la guerra, el peso de la historia escrita por los vencedores en masculino, la sepultó. Hacer justicia es reivindicarla, leerla, incluirla como se merece en la historia de nuestra Literatura.

21/1/21

«Un río en la oscuridad. La huida de un hombre de Corea del Norte», de Masaji Ishikawa [mis lecturas]

«Un río en la oscuridad. 
La huida de un hombre de Corea del Norte» 
Masaji Ishikawa

Editorial Capitán Swing
176 páginas
De este libro, como de Corea del Norte, no se sale. Uno se adentra en su lectura con la facilidad de estar leyendo un texto sencillo de un escritor sin más pretensión que la de contar su historia, sin artificios de lenguaje, sin sutilezas. Y así, casi sin darte cuenta, te enredas en una historia de vida tremenda, incomprensible, dolorosamente injusta. 

«Un río en la oscuridad» son las memorias de Masaji Ishikawa, en las que relata las penurias que atravesó su familia a su llegada a Corea del Norte, y su posterior huida. Unas memorias que suenan lejanas, antiguas, como algo que debería haber quedado atrás en nuestra sociedad civilizada. La crudeza de la historia y su vigencia te confrontan con la desigualdad de la sociedad en la que vivimos, con la ruindad del género humano al que pertenecemos.

«Me recordó en qué consistía el ser humano. Y acabé por reconocer que, con independencia de lo complicada que fuese la realidad, no debías dejarte vencer. Tenías que mantener una voluntad fuerte. Tenías que evocar lo que en el fondo de tu ser sabías que era lo correcto y actuar en consecuencia».

Es un libro que te hace ir más allá de su lectura. Tanto en reflexión interna (sobre lo que somos, lo que somos capaces de hacer, lo que significa realmente la palabra resiliencia), como en búsqueda de información externa. Si llegas al libro, como en mi caso, con muy poco conocimiento de la historia de Corea, sientes inevitablemente la necesidad de leer más, de saber qué ocurre, de posicionarte. 

«La metimos en el ataúd. Intenté cerrar la tapa con un martillo, pero los estúpidos clavos eran de mala calidad y no entraban rectos. Para mí, eso lo decía todo». 

No es una historia con final feliz, como no lo es la propia historia del país, pero merece la pena ser leída y difundida. Las voces silenciadas de quienes han vivido y viven, como Ishikawa y su familia, el horror de un régimen totalitario y devastador, lo merecen.

20/1/21

«Hôzuki, la librería de Mitsuko» de Aki Shimazaki [mis lecturas]

«Hôzuki, la librería de Mitsuko»
Aki Shimazaki
Editorial Nórdica Libros
128 páginas

Suelo subrayar frases cuando leo. Las especialmente bellas, las que me hacen reflexionar, las que me generan rechazo. No hay ninguna subrayada en «Hôzuki, la librería de Mitsuko». Entre por la primera página, salí por la última y cerré el libro. La historia engancha, está bien escrita, está bien resuelta. Se lee del tirón. El relato te va llevando de la mano y atando los cabos sueltos, sorprendentes en un inicio, previsibles al final.

A pesar de que Aki Shimazaki es canadiense, su origen japonés queda claramente patente en su forma de narrar y en los toques de pensamiento mágico de lo que narra. Y esa pátina japonesa está llevada también al diseño en esta cuidada edición de Nórdica: La imagen de cubierta, de Hasui Kawase, es magnífica, invita a la lectura desde la portada.

La maternidad, la adopción, los lazos familiares: Shimazaki se sirve de la trama para tocar temas profundos, sin profundizar en ellos. Describe de una forma muy aséptica, precisa, y a la vez muy bella, la historia de los personajes y sus relaciones, y deja al lector el peso de la reflexión sobre todo lo que no se nombra.

19/1/21

«Ru», de Kim Thúy [mis lecturas]

«Ru»
Kim Thúy

Editorial Periférica
200 páginas
El efecto que nos causan los libros que leemos dependen en gran medida del momento en el que llegan a nosotros. «Rú», con su arrullo, con su delicadeza, con su tempo lento, se insertó en mi frenesí vital, entre una lectura y la siguiente y demasiadas cosas en la cabeza.

Quizá por eso, la belleza de sus pasajes, la sutil forma de narrar de Kim Thúy, no consiguió traspasar del todo mi barrera de atención y el cansancio ganaba la batalla en muchas páginas. A pesar de ser una novela breve, tardé en leerla. La terminé con un desdén injusto, más achacable a mí que al libro. Prueba de ello, son las frases que dejé subrayadas al leerlo, que son muchas y muy bellas. 

«No conocíamos aún el precio del tiempo, su justo valor, su gran escasez».

«Alguien me dijo que los vínculos se tejen con las risas, pero más aún compartiendo, con las frustraciones de compartir».

«… no había envejecido antes de morir. Había detenido el tiempo al seguir divirtiéndose, viviendo hasta el final con la ligereza de los jóvenes adultos».

«Rú» es poesía en prosa, es un canto a la vida, es mostrar la resiliencia sin mostrar el combate, es enseñar el dolor sin la mueca que provoca, y es, sobre todo, una reflexión lúcida sobre el paso del tiempo, los lazos afectivos, y la maternidad, despojados de los convencionalismos que suelen acarrear estos temas.

«Me gustan los hombres del mismo modo, sin desear hacerlos míos. Así soy para ellos una entre otras, sin un papel que desempeñar, sin existir. No necesito su presencia porque no echo en falta a la gente ausente. Son siempre sustituidos o sustituibles. Si ellos no lo son, lo son mis sentimientos hacia ellos. Por esa razón prefiero a los hombres casados, con alianzas en las manos. Me gustan esas manos en mi cuerpo, en mis pechos. Me gustan porque, a pesar de la mezcla de olores, a pesar de la humedad de su piel en la mía, a pesar de la embriaguez, a veces, esos anulares con historia me mantienen alejada, aparte, en la sombra».

«Juntos, esos hombres me enseñaron a estar enamorada, a ser una enamorada, a desear el estado amoroso. Sin embargo, fueron mis hijos quienes me enseñaron el verbo «amar», quienes lo definieron».

«Mis hijos me dieron el poder exclusivo de soplar una herida para hacer desaparecer el dolor, de comprender palabras no pronunciadas, de poseer la verdad universal, de ser un hada».

18/1/21

mis lecturas

«En cuanto acaba el libro y lo cierra, ya lo ha olvidado por completo. De modo que observa un instante la cubierta, con curiosidad, y acto seguido, busca la primera página y empieza a leerlo». Tengo un imán en el microondas con este microrrelato de Quim Monzó. Me representa. Leo y olvido a la misma velocidad. Suele quedar en mí la impronta que me causa una lectura. Sé si un libro me gustó mucho, poco, nada, pero no logro retener mucho más la mayoría de las veces, pasado el tiempo. 

Para ayudarme a fijar mejor los recuerdos y para compartir la maravillosa experiencia de la lectura, llevaba tiempo rumiando la idea de escribir una pequeña reseña de los libros que voy leyendo.

El magnífico Club de Lectura Libre organizado por Libreramente y el Teatro Barakaldo, y dinamizado por Bego R. Orbezua, en el que participo desde hace unos meses, ha sido el revulsivo que necesitaba para dejar de pensar y pasar a la acción. Empezaré pues por los cuatro primeros libros que hemos leído en el Club. Sobra decir que es una experiencia más que recomendable. 


15/1/21

por más que... cómo no

Cómo no va a afectarnos tanto sufrimiento alrededor, tanta incertidumbre, tantas ganas de vivir encerradas bajo llave.

Cómo no va a afectarnos perder la libertad, las sonrisas, el contacto, intentar controlar lo incontrolable, cada acto propio y ajeno, a cada instante.

Cómo no va a afectarnos la injusticia, la impunidad, la falta de solidaridad de algunos, la irresponsabilidad de otros tantos.

Por más que tengamos suerte, que estemos bien, que libremos la bala otra ronda de disparos.

Por más que tengamos refugio, comida, trabajo.

Por más que nos empeñemos en la alegría, en el vaso medio lleno, en la certeza de que esto también pasará, en todo lo bueno que creamos.

Por más que... Cómo no.

Pasamos de la risa al llanto. Del continuar como si nada, al bloqueo inesperado. Del llanto a la risa de nuevo. Nos bloqueamos y continuamos. Continuamos y nos bloqueamos.

Y menos mal. Menos mal que nos movemos entre la risa y el llanto. Si no fuese así, no seríamos humanos.

5/1/21

a la deriva [ficciones]

Después de este año terrible, lo único que me faltaba era terminarlo así, varada en mitad del océano. Hemos perdido la comunicación por radio y apenas hay espacio en esta pequeña embarcación para los tres que hemos conseguido mantenernos a flote. Restos de una bolsa de patatas fritas y medio zumo caliente con la pajita perdida en el interior del envase son todos los víveres de los que disponemos hasta que llegue el rescate. Si llega. No sé cuánto tiempo llevamos aquí. Casi sin darme cuenta, me estoy deslizando, poco a poco, hasta el borde de la barca... 

_¡Cuidado! ¡Tiburones!

Mi hijo tira de mí con fuerza para rescatarme. 

_No puedes salirte de la manta, mamá, si tocas la alfombra, te comen los tiburones.

Y se come otra patata frita, mientras seguimos a la deriva, esperando el fin de año en el salón.

[Microrrelato escrito para el concurso de cuentos navideños #unaNavidaddiferente]



22/11/20

Fotopoemario «A pesar de la lluvia»

Es real. Huele a libro. Tiene el tacto de un libro. Se siente como un libro. Es mi libro. «A pesar de la lluvia» se quedó en un cajón en 2017, justo después de dar por cerrada la selección de fotografías y poemas que lo compondrían. Adopté un hijo, después un segundo, perdí a mi padre. Y sobre todo, tuve miedo. De mostrarme demasiado. De no ser suficiente. Dejé de pensar en ello. Cerré el cajón.

Y llegó una pandemia mundial. Y quizá porque el miedo se hizo tan grande, mis miedos me parecieron pequeños. Me sorprendí a mí misma explicando en la imprenta cómo quería exactamente que fuese, y respondiendo sin dudar a cada decisión de diseño que había que tomar. Y un libro es un montón de decisiones.

Y de pronto, un día tenía una caja llena de libros, de mis libros, en las manos y no me atrevía a abrirla. Corrí por el pasillo, salté, volví a correr, y finalmente, me detuve frente a ella y me asomé como quien se asoma a un abismo. Pero no caí.

Cada detalle imaginado, cada decisión tomada, estaban allí, eran reales. Lloré, reí, dejé el libro sobre una mesa y me alejé de nuevo, pasillo arriba, pasillo abajo. Volvió el miedo. A mostrarme demasiado. A no ser suficiente. Pero ya no pude dejar de pensar en ello. Ya no quiero dejar de pensar en ello. La caja de Pandora está abierta. Espero que os emocione tanto como a mí.

Más información: https://foto.esaotra.es/publicaciones


21/11/20

«A pesar de la lluvia» a la luz de las velas

Como una pequeña bola de nieve que una hace sólo con la intención de jugar. Y la echa a rodar. Y la bola rueda y rueda, y se hace cada vez más y más grande. Y una corre detrás, viéndola crecer, divertida a ratos, a ratos asustada por si su propia bola de nieve la arrolla...

Desnudarse ante el papel o tras la cámara de fotos es sencillo. Ponerse en pie ante el público de un museo y mostrar lo que haces... Ese desnudo no lo es tanto. Pero la bola de nieve ha rodado hasta aquí. Este sábado 21 de noviembre leeré algunos de mis poemas de «A pesar de la lluvia», junto a Miren Agur Meabe. en el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao. Espero que no me arrolle...


21/10/20

libídine [fotografía]

«Mi cuerpo desnudo y azul
y sobre el lienzo sus manchas.»

El 2 de marzo me llegó el anuncio de que se suspendía la Semana de Humanidades, organizada por la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, debido a la «situación epidemiológica». Tenía para entonces esta imagen producida en dos piezas grandes, listas para ser colgadas en la Sociedad Bilbaina, y no sospechaba lo que vendría después. La pandemia se extendió y paralizó no sólo este evento, sino nuestras vidas enteras. 

Pero la vida siempre se empeña en seguir su curso, y nosotras nos empeñamos en seguir viviéndola. Ahora que el arte y la cultura han demostrado ser más que nunca necesarios para nuestra estabilidad emocional y nuestra salud mental, hay que reivindicarlos como nunca. Si ha de ser con mascarilla y distancia que así sea. Si ha de ser con exposiciones virtuales, también.

Así, esta fotografía de la serie «Libídine» sigue envuelta en papel de burbujas en mi casa, esperando una pared, pero mientras tanto participa en la XLI Semana de Humanidades del 19 a 22 de octubre, en una exposición virtual que puedes ver aquí.



29/9/20

«A pesar de la lluvia» en el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao [fotografía]

A la luz de las velas. Así fue como conocí el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao hace ya unos cuantos años. Recorrer las galerías de la antigua iglesia neogótica que alberga el museo entre luces y sombras me sobrecogió. Desde entonces recomiendo visitarlo siempre que tengo ocasión. Lo que nunca imaginé, ni entonces ni ahora, es que mi fotografía y mi poesía se expondrían en sus paredes.

Una selección de mi proyecto «A pesar de la lluvia» formará parte de la exposición «20 cuerpos 20 artistas», comisariada por Fidel Díez Mesa, que se podrá visitar en el museo del 1 de octubre de 2020 al 31 de enero de 2021.

No esperaba exponer en un museo, menos aún en uno tan especial; la inauguración tampoco será como esperaba: No habrá vinos, risas, amigas, abrazos. Habrá aforo limitado, hidrogel, mascarillas, maldita distancia social. Pero celebraremos, «a pesar de la lluvia», haber llegado hasta aquí.

Celebra,
ahora,
aquí,
conmigo,
celebra que estamos vivos.

9/9/20

«Los monstruos» en BAFFEST [fotografía]

Vivimos tiempos muy inciertos, en los que el miedo _el real, el que ataca en el centro de nuestra vulnerabilidad_ está más presente que nunca. Y pese a todo, seguimos haciendo y disfrutando de la Fotografía. Y pese a todo, nos ponemos una mascarilla, nos lavamos las manos y participamos en Festivales... 

«Vivir»
No se puede ser completamente feliz con miedo.
Y nadie que haya vivido lo suficiente,
amado y perdido,
puede vivir sin tenerlo.
Qué putada.

Hoy se ha presentando la exposición retrospectiva «Crear. Revelar. Equilibrar.» organizada por BAFFEST en colaboración con Emakunde, como antesala de la V edición del Festival, en la que participo con una imagen de «Los monstruos». Se podrá visitar en el Parque de los Hermanos de Barakaldo entre el 9 y el 30 de Septiembre. Estoy feliz de volver a las calles con Fotografía, aunque tras la máscara se esconda el miedo... Volveremos a volar...



3/3/20

lo sensato [poemas]

Y qué,
si no me pasa nada más que la vida,
que a veces,
siempre,
no es a veces,
es siempre,
siempre es demasiado intensa.
Y qué,
si sé que para que deje de doler
hay que bajar el volumen,
no ceder a la tristeza,
relativizar,
lo bueno,
relativizar,
lo malo.
Relativizar.
Observarlo todo tamizado
por el filtro de la indolencia.
Caminar en equilibrio
sobre el filo del gris.
Quién quiere vivir así.
Yo.
Acabo de anunciarlo.
A mi terapeuta le ha parecido sensato:
Pedir ayudar,
evitar caer,
centrarme en lo necesario,
trabajo,
familia,
pagar la hipoteca,
la vida adulta y sus urgencias.
Priorizar la importante,
anestesiada,
en la dulce calma de la química.
Y qué,
si mi cerebro no la fabrica.
Y qué,
si no funciona como el resto.
Y qué,
si no relativiza.
Y qué,
si a veces necesito caer
y no recibir consejos
ni bálsamos
ni cuerdas.
Tan sólo quiero dejar de buscar la razón,
aceptarme así,
permanecer
junto a quien pueda asomarse al abismo,
y dejarme saltar,
confiando en que, al fin, no lo haré.
No escuchar la vida sola a este volumen atronador.

3/12/19

de qué hablo cuando hablo de dejar de correr [mis cosas]



No recuerdo mucho de la película «Forrest Gump», pero sí que en un momento dado, tras mucho tiempo corriendo, el protagonista decide parar y para. Simplemente para; se de la vuelta e inicia un lento caminar de regreso al punto del que había partido. Parece sencillo. Simplemente parar.

Vivo corriendo, para llegar no sé muy bien a dónde. A todo, supongo. A ser una trabajadora eficiente, una madre eficiente, una hija eficiente, una amiga eficiente, una consumidora eficiente. Todo me demanda que siga, que llegue, que demuestre, que no me pierda nada. Y aún más: que descanse, que haga ejercicio, que coma sano y hasta que me corra eficazmente. Lo importante es correr, llegar a todo, triunfar. Aunque no tenga la más remota idea de hacia dónde correr, a qué todo llegar, qué demonios significa triunfar.

Como Forrest Gump, he decidido simplemente parar. Lo decidí hace días, meses, años. No lo consigo: La inercia me empuja con fuerza. La inercia y el miedo. Siempre, el miedo. A no ser lo que los demás esperan. A perderme la vida. A quedarme atrás.

Así que, harta de él, comparto mi miedo. Me desnudo y lo enseño, mi parte vulnerable como escudo: Esta soy yo, agotada, diciendo no. No me vais a encontrar en cada llamada, en cada plan de huida, en cada click necesario para que siga en marcha la rueda. Hoy, aquí, mi miedo y yo dejamos de correr. Lo importante, nos esperará.

6/9/19

LOVE 2.0 en Getxophoto [fotografía]

Del 4 al 29 de septiembre se celebra la 13ª edición del Festival Internacional de Imagen Getxophoto, donde mi fotografía «LOVE 2.0» ha sido seleccionada en la convocatoria de Participación Popular

Bajo el lema «El futuro del futuro», la organización ha seleccionado 40 fotografías entre más de un centenar de imágenes recibidas desde todas las partes del mundo, que serán expuestas en los escaparates de bares y comercios de Algorta durante el Festival. Además, se ha editado una pequeña publicación con las obras finalistas.


Si en 2013 participé con una foto de archivo que funcionaba con el tema propuesto, este año, he pensado y realizado la imagen expresamente para presentar a la convocatoria. Lejos del tipo de fotografía que suelo hacer, me ha permitido experimentar y sobre todo, divertirme. Y eso ha sido lo mejor de la experiencia, recordar que esto no es más que un gran juego. La fotografía, digo. Aunque también la vida.


16/7/19

detenida [poemas]


Y qué hago con todas estas ganas
de gritarle a la mañana,
si llego tarde al tren,
al trabajo,
a mi funeral.
Todas las historias que no fueron
y que son dentro de mí,
girando desordenadas.
Esta maraña de caos
que intenta escapar algunos días
y tropieza con sus propias piezas,
y me deja,
detenida,
en este silencio de ondas en superficie
tras la piedra hundida.
Si acercas el oído a mi pecho,
se escucha el alarido.

26/5/19

#24hourproject, madres

Desde que participé el año pasado y dije que no repetiría, sabía que lo haría de nuevo en 2019. Con lo que no contaba era con que este 24 Hour Project me pillaría con un hijo más que la edición anterior y media familia enferma.

Pero cuando una idea prende en mi cabeza, ya nada puede detener el incendio. Desbordada como estoy física, mental y emocionalmente por la maternidad, y siendo el tema de este año nuevamente documentar historias de mujeres, hablar de la maternidad, de las distintas maternidades, era casi una necesidad. Tenía que hablar con otras madres, escucharlas, fotografiarlas, aprehenderlas.

La palabra sororidad retumba en mis oídos un día después de haber llevado a cabo el reto. Pedí madres a través de las redes sociales, con intención de hacer al menos la mitad del día, dadas la circunstancias familiares. La respuesta fue tal que no pude dejarlo en 12. Aún parando 5 horas durante la noche para atender a mis criaturas, y gracias a esa red familiar que me sostiene siempre, finalmente pasaron por delante de mi cámara 24 mujeres, 24 madres, 24 historias de vida con las que aprender, avanzar y no sentirse tan sola.

Susana y Kanaima. Mi última fotografía del #24HourProject 2019
Puedes ver las 24 fotografías aquí: foto.esaotra.es/24hourproject2019

Gracias a todas las madres que han accedido a pasar por delante de mi objetivo para este proyecto. Generosas, sinceras, valientes. Y visibles.


Con las fotografías de los compañeros que terminamos el reto el año pasado en Bilbao, Makusikusi ha creado un ebook maravilloso. Puedes descargarlo aquí: 24hourproject18_bilbao

11/2/19

los monstruos [fotografía]


«Cómo voy a hacer que no tengáis miedo si estoy llena de miedo yo. Cómo os salvaré si no sé salvarme. No puedo hacer otra cosa que enseñaros mis heridas y lo que duelen. Y esperar que comprendáis que la única manera es que aprendáis a vivir con las vuestras.»

Del 11 al 14 de febrero de 2019 en la Sociedad Bilbaina, dentro de la Semana de Humanidades, organizada por la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao podrá verse un adelanto de este proyecto en curso, con todo mi miedo contenido en él. Y mi esperanza.

[Ver proyecto «Los monstruos»]

23/1/19

saber nombrarlo [poemas]


Saber llamar a cada dolor por su nombre.
Angustia.
Miedo.
Incertidumbre.
Culpa.
Que me faltas.
Saber nombrarlo,
como si contener tu ausencia en una palabra
fuera a acercarte.
Como si gritar a los demonios
los hiciera salir de mí,
exorcizados,
y pudiese al fin caminar liviana,
descargada de palabras y pesares.


22/1/19

es porque contigo [poemas]

No es por tu olor,
ni por la risa tras el gemido.
Ni siquiera por esa forma en la que me miras
como si fuera la chica más bonita del bar
(aunque nunca lo haya sido).

Es porque acallas ese murmullo,
y detienes el vértigo de los días,
demasiado rápidos y demasiado poco vividos.

Es porque contigo
la pena es el recuerdo de un recuerdo,
y la muerte deja de acechar mis pesadillas.

1/1/19

en medio del camino de nuestra vida... [mis cosas]

Ha muerto mi padre. He adoptado dos hijos. Y otras tantas cosas más. El resumen es incapaz de contener la emoción. Apenas me contengo yo dentro de mis límites algunos días. Sigo escribiendo, sacando fotos, caminando. Supongo que en eso consistía intentar ser feliz.


26/10/18

«india es nombre de mujer» en leioa

Un año entero rotando por estaciones de Metro Bilbao, el centro cívico Clara Campoamor de Barakaldo, la Universidad de Deusto, el Café Iruña, donde comenzó todo... «India es nombre de mujer» ha recorrido una largo camino que parecería haber llegado a su fin con la subasta en la Torre Iberdrola.

Pero no; seguimos caminando. Ahora, hasta Leioa. Enmarcada en el Día Internacional de las Mujeres Rurales que se celebra el 15 de octubre, e impulsada por el Área de Igualdad del Ayuntamiento de Leioa, la exposición se repartirá en seis emplazamientos municipales, entre el 26 de octubre y el 8 de noviembre. Las ubicaciones y horarios en los que podrán visitarse los 12 paneles de gran formato que conforman la exposición son los siguientes:


Nunca soñé el recorrido que tendría este trabajo cuando decidí viajar con mi cámara a India en 2015. Sigo sorprendiéndome y emocionándome cada vez que alguien confía en el proyecto y lo expone, o me contacta para hacerse con una fotografía. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible, y a los que todavía no conocéis «India es nombre de mujer», os esperamos en Leioa.

PD: Las fotografías continúan a la venta. Si quieres colaborar con la Fundación Vicente Ferrer y llevarte una a casa, háblame: esaotra@esaotra.es. Puedes ver todas las fotografías del proyecto en http://foto.esaotra.es/india-es-nombre-de-mujer.  

13/4/18

#24hourproject, sueño y fotografía

El 7 de abril participé, junto con un pequeño grupo de fotógrafos de Bilbao, en un evento a nivel mundial con fines solidarios, 24 Hour Project, consistente en subir una foto cada hora durante veinticuatro horas. El tema este año, además del genérico de «Documentar la realidad» se centraba en compartir «Historias de mujeres». 

Una foto cada hora durante veinticuatro horas. El reto parece sencillo. Cuando insertas esas veinticuatro horas en medio de tu vida, la cosa se complica. Trabajo, familia y fotografía son una combinación en la que siempre pierden las horas de sueño. El 24HourProject se tradujo en mi caso en 42 horas seguidas en pie, 444 fotografías en la tarjeta de memoria y una experiencia brutal en la mochila. 

Llegar a un lugar, hablar unos minutos con la persona que vas a fotografiar, elegir la ubicación adecuada, tomar unas cuantas imágenes rápidas, volcarlas de la cámara al dispositivo móvil, editarlas al vuelo y subirlas a internet, es una forma increíble de aprender de los errores: En la toma que te gusta has cortado un pie y ya no puedes repetir la foto... A la hora a la que estás fotografiando no hay luz en absoluto y las farolas sólo proyectan una tenue luz amarilla perfecta para una foto de ambiente pero terrible para un primer plano... La norma que te has autoimpuesto de hacer sólo retratos de mujeres te hace tener que desechar otras tomas casuales posiblemente mejores...

A medida que pasan las horas, el cansancio va haciendo mella y reaccionas cada vez más lentamente, te cuesta pensar en la siguiente foto, te cuesta elegir, y entonces, algo mágico sucede: Dejas de pensar y actúas por inercia. Porque sabes, porque disfrutas, porque sientes la fotografía. La técnica ya no funciona como algo pensado sino como algo aprehendido e, incapaz de concentrarte, te mueves por instinto. En ese momento, lo sabes. Sabes por qué te apuntas a retos como este. Sabes por qué haces fotos. Sabes que la felicidad está en dejarte llevar por lo que te apasiona... Yo me dejo llevar... Hasta el siguiente reto.

23:45pm, mi última fotografía del #24HourProject 2018 
Puedes ver las 24 fotografías aquí: foto.esaotra.es/24hourproject2018

Gracias a todas las mujeres que han accedido a pasar por delante de mi objetivo para este proyecto. Generosas, amables, bravas. Y visibles.

8/3/18

«Quédate con la abuela, que salgo a comprar» #8Marzo

En mi curriculum fotográfico, entre masters, módulos y talleres, hay 21 epígrafes. 21 personas que han compartido conmigo su saber. 3 han sido mujeres, el resto de autores que he tenido como referentes a lo largo de los años en el ámbito fotográfico han sido hombres.

En el ciclo de charlas que organiza la escuela donde me he formado, este trimestre hay programadas 5. Todas impartidas por hombres. El anterior trimestre fueron 6. Todos hombres también. Puedo continuar. Adelanto que hay alguna excepción, pero el patrón se repite.

Hace unos meses, en un taller de escritura le pedí al profesor que hiciera una clase específica de mujeres. Le extrañó mi petición. Nos solía traer cada día libros y escritores recomendados y los cogía sin fijarse en géneros, decía. Estoy segura de ello, como también estoy segura que hasta esa clase, por cada nombre de mujer que anotaba en mi cuaderno de apuntes, escribía al menos 5 nombres de hombre.

A lo largo de mi carrera profesional, todos mis jefes, sin excepción, han sido hombres. «¿Puedes avisar al informático? Sí, yo soy la informática» es una frase recurrente en mi trabajo. 

«Estate formal, que viene tu padre». «Llévale las zapatillas». «Vacíale el cenicero». «Quédate con la abuela, que salgo a comprar». Mi hermano jamás escuchó frases similares. Él no debía ser sumiso, ni aprender a cuidar. 

Podría seguir... No son estadísticas de periódicos, no son frases de panfleto. Es mi realidad. Convivo con ella y sólo la noto, si la cuestiono. Porque si la cuestiono, me cuestionan. Hay una dulce paz en la sumisión; quien no se mueve, no nota las cadenas. Y si no las notas, mujer, es porque todavía no te has movido.