esa otra que soy yoesa otra que soy yo

23/4/21

«A pesar de la lluvia» en Libreramente

Anunciar en el día del libro la presentación del mío en una librería me parece un sueño. Hay una bola negra dentro de mí que atasca las palabras cuando intento contarlo. Pero es real. Porque ya hay fecha. Hay lugar. Y hay mucha ilusión y mucha emoción en el pequeño evento que estamos preparando. Con la ayuda de Enya de Libreramente, y al calor de ese rincón tan precioso que ha creado en su librería, el 8 de mayo leeré algunos de mis poemas y compartiremos fotografías de mi fotopoemario «A pesar de la lluvia».

Las plazas serán muy limitadas, debido a la pandemia. Para inscribirse, hay que mandar un email a libreria.libreramente@gmail.com. Será una presentación pequeña, pero estamos poniendo todo el corazón en que sea grande para quienes queráis acompañarnos.


Algunas fotografías y poemas de «A pesar de la lluvia» están ya expuestas en la librería durante todo el mes. Si no conocéis Libreramente, estáis tardando en acercaros. La exposición no sé, la librería seguro os va a encantar.




22/4/21

«Humo», de José Ovejero [mis lecturas]

«Humo»
José Ovejero
Editorial Galaxia Gutenberg
144 páginas
Imagina un bordado delicado representando una escena horrenda. Imagina pasar los dedos por el hilo. Sentir el tacto suave. Disfrutar de la precisión, del buen hacer, de la belleza, de cada puntada. Y olvidarte por un momento de la escena que representa. Parpadear entonces, alejar rápidamente tus manos del bordado, coger distancia y observar la escena: Ver tu ciudad en llamas sin saber por qué arde. Notar cómo crece en ti el desasosiego, el vértigo de una realidad asfixiante, una suerte de desesperanza que de pronto te atenaza. Imagina querer alejarte y aún así volver. Acercar de nuevo tu mano. Estremecerte con el nuevo contacto. Cerrar los ojos y sentir algo parecido a la felicidad más primigenia. Mientras el humo te rodea.

Magistral. Esa es la palabra que invadió mi mente al cerrar el libro. Lo empecé sin haber leído siquiera su sinopsis, sólo conducida por la recomendación de mi librera de confianza y su sugerente portada. La brevedad y ambigüedad del título tampoco daban más información. Una vez acabado, tampoco puedo explicar completamente su trama. Ovejero plantea unos personajes complejos en un escenario aún más complejo, con aparente sencillez, y los enfrenta a la violencia de la vida, sin compasión. «Humo» es un bordado delicado representando una escena horrenda. Me ha dolido leerlo. Me ha hecho feliz.

19/4/21

«Memoria de chica», de Annie Ernaux [mis lecturas]

«Memoria de chica»
Annie Ernaux
Editorial Cabaret Voltarire
208 páginas
Hay lecturas a las que me obligo. Esta ha sido una de ellas. No ha sido mi primera vez con Annie Ernaux. El primer libro suyo que cayó en mis manos, «El uso de la foto», por una acertada recomendación de Iñigo Larroque, me fascinó. Más por lo que contaba y por la deliciosa combinación de fotografías y textos para articular el relato, que por cómo lo contaba. Todo el libro es una gran performance en la que Ernaux se desnuda y enseña su intimidad sin pudor.

Animada por esa primera experiencia, leí sobre la autora y decidí que debía seguir leyéndola. Comencé «La mujer helada» y me quedé como el título. Me perdía en la narración, me aburría. Aunque lo tenía todo para engancharme (la temática, la autora, desde dónde escribe…), acabé abandonando a mitad del libro.

Cuando en el Club de lectura propusieron «Memoria de chica» me alegré. Pensé que con «La mujer helada» habría elegido mal entre tantos volúmenes publicados por Ernaux y que esta vez sí, si lo proponían, sería porque éste era uno de sus mejores libros. Es probable que lo sea. Es probable que el problema radique en mí. Lo he leído como quien hace los deberes de Literatura del colegio, más como algo que debía hacer, que como algo que estuviese disfrutando. 

He ido avanzando en el libro con la esperanza de cogerle el truco, engancharme de pronto y disfrutarlo, pero no ha sido así. Me ha costado mucho más tiempo del que debería, dada su breve extensión, terminarlo y cuando al fin lo he hecho, he sentido alivio.

He agradecido la trama, lo que cuenta, la forma de exponer su vulnerabilidad, he conectado con ella no sólo de mujer a mujer, sino entre mujeres de una condición social determinada. Hay memoria compartida ahí, y me quedo con la reflexión posterior sobre mis propias vivencias que el relato de las de Ernaux me ha provocado.

Es necesario que las mujeres escribamos, desde el punto exacto en el que ella lo hace. Sin imposturas. Pero desde luego, no he conectado con su manera de escribir. O no era mi momento para Ernaux. Quizá como ella, pasado el tiempo y con nuevas lecturas en mi haber, no reconozca a mi yo de 2021 escribiendo esto.

25/3/21

el fin del amor [poemas]

La primera vez, crees que será la definitiva,
construyes una coraza y asumes
que no dejarás que nadie vuelva a llegar
hasta ese corazón roto.
Además, quién querría besar una cicatriz.
Lloras durante más días de los necesarios,
te guardas luto.
Crees, de verdad, que es definitivo
ese fin del amor.
La última, tan solo guardas silencio y esperas.
No hay lágrimas eternas, ni coraza.
Sonríes cuanto puedes,
abriendo mucho la boca,
para que se vea bien la herida.
Ahora lo sabes.
Quién querría que la besaran ignorando su cicatriz.


23/3/21

autoconfinamiento [fotografía]

 

Bizcochos, hogazas de pan, mandalas, novelas, zumba, aprender a tocar el ukelele... La gente hizo de todo durante el confinamiento. De todo. Yo pasaba los días teletrabajando (mucho), jugando con mis hijos (mucho) y agotada (mucho). La literatura y la fotografía, que normalmente son mis válvulas de escape, se pusieron en pausa, con todo lo demás. El silencio se me instaló dentro. Pero un día, salió el sol y cogí la cámara de fotos. Este es el resultado: El confinamiento dentro del confinamiento. He empezado, poco a poco, a salir de nuevo a la vida, pero el silencio continúa aún dentro de mí. A día de hoy, creo que ya nunca saldrá.

De forma virtual, porque no puede ser de otra manera, mi fotografía «Autoconfinamiento» forma parte de la XLVIII Semana de Humanidades de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao. Puedes ver la exposición virtual aquí. En silencio.



23/2/21

«La vegetariana», de Han Kang [mis lecturas]

«La vegetariana»
Han Kang
Editorial :Rata_
240 páginas
Leer «La vegetariana» no ha sido una experiencia placentera y aún así, o mejor dicho por eso, lo he disfrutado enormemente. Empecé las primeras páginas del libro dudando de si continuaría o lo dejaría para más adelante, cuando hubiese leído otros libros que tengo en cola. Y la cola ha tenido que esperar. No mucho, porque me llevó menos de un día y mucho sueño terminarlo.

El concepto «devorar» un libro se inventó para lecturas como esta. Desde el inicio, la historia y la forma de exponerla te atrapa. Se lee con extrañamiento, sin entender muy bien lo que sucede y con curiosidad creciente por entenderlo. 

El libro está dividido en tres bloques y está narrado desde distintas voces para relatar una historia única, dura, desasosegante y altamente cautivadora. Kang se sirve de un hecho aparentemente trivial, la decisión de la protagonista de dejar de comer carne, para hundirse en una historia profunda. El tema al que apunta el título, la vegetariana, es tan sólo la punta del iceberg.

Hay un velo oscuro que cubre la obra, como la historia familiar que retrata. Una historia de secretos, de dolores, de represión y de miedo buscando salida. Y con todo ello, hay belleza. Hay pasajes brutalmente poéticos, eróticos, y asfixiantes hasta la náusea. Kang consigue, con un lenguaje preciso y diálogos directos, provocar sensaciones físicas al lector, a quien mantiene en un deslizamiento constante entre la atracción y la repulsa.

Cuando cerré el libro tras acabarlo y apagué la luz, todas esas sensaciones se quedaron conmigo. Como a la protagonista, me costó conciliar el sueño. Tengo la certeza de que, aunque el paso del tiempo desdibuje los detalles de la trama, todo lo que ha removido en mí el libro, me acompañará siempre. 

¿Hasta dónde somos capaces de llegar para escapar del sistema? Somos la única herramienta de la que disponemos para cambiarlo. «La vegetariana» no deja espacio para la duda. A veces, no deja ni siquiera espacio para respirar.


14/2/21

«Comer es un acto político», de Alain Ducasse y Christian Regouby [mis lecturas]

«Comer es un acto político»
Alain Ducasse y Christian Regouby
Editorial Txalaparta
168 páginas
Empecé este libro con todos mis prejuicios en su contra. El de la alimentación es un debate abierto en el que llevo tiempo evitando entrar activamente, y pensaba que este libro me empujaría de lleno a cuestionarme (más) cosas de las que ya me cuestiono, y amigas, en algún momento hay que descansar la mirada crítica. Yo lo hago con la comida. O creía que lo hacía, porque resulta que el libro está más alineado con mis hábitos de consumo de lo que creía.

Además de al tema, también había prejuzgado al autor. Me sale enseguida un erróneo orgullo de clase que se pone alerta y por defecto en contra, cuando alguien acomodado da lecciones sobre cualquier cuestión vital: Claro, qué fácil es pontificar sobre cómo hacer bien las cosas, cuando están en tus manos los medios para hacerlas bien.

Para rematar, todo lo que huele a libro de autoayuda, a mensajes happy y a mantras del tipo “si quieres, puedes” me ponen definitivamente en pie de guerra. 

«Comer es un acto político» es un libro sobre alimentación, escrito por un chef de fama mundial, que comienza con un momento de clarividencia del autor, tras un dramático accidente al que consiguió sobrevivir. A mí me saltaron todas las alarmas nada más empezar. A punto estuve de cerrarlo y no seguir. 

«La vida es demasiado corta para conformarse con lo tibio y lo anodino. Quiero saborearla con todo mi ser».

Pero hay algo en la forma en que Ducasse se expresa que me impidió abandonar… Está realmente comprometido con lo que relata, y se nota. No es una pose, es alguien que está preocupado genuinamente por cambiar el mundo, desde su parcela, que es la de la comida, y quiere hacerlo desde la alegría de vivir. Reconozco que según avanzaba el libro dejé de negar con la cabeza con una ceja elevada, para asentir y sonreír. 

Dice en las primeras páginas del libro Ducasse una frase que yo suelo utilizar: «No creo en Dios, creo en el ser humano». Ducasse es un gran humanista y defiende una gastronomía humanista, en el fondo y en la forma. Respetuosa con el medio ambiente, pero también y sobre todo con las personas. Habla de comer, pero habla sobre todo de vivir, de convivir, de ser mejores y de hacer mejores las vidas de los demás.

Nos conmina a empoderarnos, a hacer valer nuestra capacidad para elegir un nuevo régimen alimentario, a no permanecer pasivos ante el influjo de la sociedad de consumo.

Hace reflexiones sobre alimentación que se pueden aplicar a cualquier faceta de la vida. Por ejemplo, hablando sobre comer de una forma consciente, nos recuerda la importancia de poner el foco y la atención en lo que estamos haciendo en cada momento, en vivir el momento presente. Algo tan obvio, que se está perdiendo en medio de la velocidad y la multitarea a las que nos sometemos a diario. Es primordial el ejercicio de conciencia al que nos remite Ducasse: «Degustar significa dejar de hablar durante un momento, existir en el instante actual, ser consciente de lo que te rodea y de lo que vas a llevarte a la boca, despertando todos tus sentidos».

«En estos tiempos oscuros, hablar de rituales, de la alegría de vivir, de desenfado, de optimismo y de placer». Esta frase contiene la esencia de la forma de hacer de Ducasse y a mí me ha conquistado. Me ha gustado conocerlo y me ha gustado el libro, porque es de esos de los que una sale diferente a como entró. 

«Actuar está al alcance de todos nosotros, de manera cotidiana, desde el momento en el que nos convencemos de que es posible cambiar el mundo. No podemos optar por no hacer nada».

27/1/21

renacida [poemas]

Dejé de desnudarme frente a los espejos.
La cámara ya no dibujaba los límites de mi piel.
Me perdí en alguna curva 
del laberinto oscuro 
que recorre mis entrañas,
ahogué el impulso,
olvidé la sed.
No me sirven ya los viejos mapas,
sólo hay tierra quemada a mis espaldas.
Y esta furia renacida,
este miedo confundido
con el deseo feroz
de devorar la vida,
antes de que ella me devore a mí.

22/1/21

«Tea Rooms. Mujeres obreras», de Luisa Carnés [mis lecturas]

«Tea Rooms. Mujeres obreras»
Luisa Carnés
Editorial Hoja de Lata
256 páginas
«Tal vez alimenta la tesis de que la única nobleza del globo la constituye la casta de los oprimidos, y le enorgullece pertenecer a ella».

Así habla Luisa Carnés a través de la reflexión de uno de sus personajes, femeninos en su mayoría, de esta novela coral y social. Ahí se posiciona, en ese cierto orgullo de quien pasa dificultades en la vida y lucha por salir adelante. Carnés habla desde la clase trabajadora para la clase trabajadora. 

«Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercaderes enriquecidos; precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que engendra rebeldes».

Y no sólo habla como clase trabajadora, habla como mujer para las mujeres. Quizá por eso me ha gustado el libro, porque impacta directamente en mis bases, porque interpela a mi orgullo de clase y a mi conciencia feminista. Impacta en mis bases y las hace tambalearse: Han pasado 87 años desde la publicación de «Tea Rooms» y sigue dolorosamente vigente. 

Carnés hace un retrato al óleo de la sociedad de su época, sirviéndose del reducido espacio de la sala de té donde entran, salen, viven, sufren, sueñan e incluso mueren sus personajes: Los albores del sindicalismo, la lucha obrera, las desigualdades sociales, la precariedad, el hambre, las reducidas opciones vitales de las mujeres (matrimonio, convento, trabajos decorosos y sacrificados, prostitución), los abortos ilegales, la determinación de algunas personas por salir adelante, la mezquindad de otras.

Con un manejo del lenguaje exquisito y vanguardista (al que le reconozco el valor, pero que ha sido lo que menos me ha enganchado del libro), «Tea Rooms» es un relato costumbrista. Como en una función de teatro, nos asomamos a lo que ocurre en ese salón de té durante un tiempo breve; la acción está iniciada cuando se abre el telón y continuará cuando se cierre. Y nos dejará, o nos dejará sólo a quienes compartimos las mismas bases, un puñado de buenas reflexiones dando vueltas en nuestras cabezas.

«¿Hasta cuándo? ¿Es que «esto» va a ser eterno? ¿Esta lucha del hombre contra el hombre, del hermano contra el hermano?»

Reflexiones vitales y la pesada sensación de que la sociedad ha evolucionado mucho pero no ha cambiado tanto. Las dimensiones de los «salones de té» en los que estamos encerradas hoy en día son mayores ya para muchas, pero el encierro continúa. 

«Ahora, ante la mujer se abre un camino nuevo… […] Ese camino nuevo, dentro del hambre y del caos actuales, es la lucha consiente por la emancipación proletaria mundial».

«¿Cuándo será oída su voz?» Una última pregunta para cerrar el libro, que sigue en el aire. La suya, la de Luisa Carnés, al menos, ha dejado de estar silenciada. Mujer y republicana, exiliada tras la guerra, el peso de la historia escrita por los vencedores en masculino, la sepultó. Hacer justicia es reivindicarla, leerla, incluirla como se merece en la historia de nuestra Literatura.

21/1/21

«Un río en la oscuridad. La huida de un hombre de Corea del Norte», de Masaji Ishikawa [mis lecturas]

«Un río en la oscuridad. 
La huida de un hombre de Corea del Norte» 
Masaji Ishikawa

Editorial Capitán Swing
176 páginas
De este libro, como de Corea del Norte, no se sale. Uno se adentra en su lectura con la facilidad de estar leyendo un texto sencillo de un escritor sin más pretensión que la de contar su historia, sin artificios de lenguaje, sin sutilezas. Y así, casi sin darte cuenta, te enredas en una historia de vida tremenda, incomprensible, dolorosamente injusta. 

«Un río en la oscuridad» son las memorias de Masaji Ishikawa, en las que relata las penurias que atravesó su familia a su llegada a Corea del Norte, y su posterior huida. Unas memorias que suenan lejanas, antiguas, como algo que debería haber quedado atrás en nuestra sociedad civilizada. La crudeza de la historia y su vigencia te confrontan con la desigualdad de la sociedad en la que vivimos, con la ruindad del género humano al que pertenecemos.

«Me recordó en qué consistía el ser humano. Y acabé por reconocer que, con independencia de lo complicada que fuese la realidad, no debías dejarte vencer. Tenías que mantener una voluntad fuerte. Tenías que evocar lo que en el fondo de tu ser sabías que era lo correcto y actuar en consecuencia».

Es un libro que te hace ir más allá de su lectura. Tanto en reflexión interna (sobre lo que somos, lo que somos capaces de hacer, lo que significa realmente la palabra resiliencia), como en búsqueda de información externa. Si llegas al libro, como en mi caso, con muy poco conocimiento de la historia de Corea, sientes inevitablemente la necesidad de leer más, de saber qué ocurre, de posicionarte. 

«La metimos en el ataúd. Intenté cerrar la tapa con un martillo, pero los estúpidos clavos eran de mala calidad y no entraban rectos. Para mí, eso lo decía todo». 

No es una historia con final feliz, como no lo es la propia historia del país, pero merece la pena ser leída y difundida. Las voces silenciadas de quienes han vivido y viven, como Ishikawa y su familia, el horror de un régimen totalitario y devastador, lo merecen.

20/1/21

«Hôzuki, la librería de Mitsuko» de Aki Shimazaki [mis lecturas]

«Hôzuki, la librería de Mitsuko»
Aki Shimazaki
Editorial Nórdica Libros
128 páginas

Suelo subrayar frases cuando leo. Las especialmente bellas, las que me hacen reflexionar, las que me generan rechazo. No hay ninguna subrayada en «Hôzuki, la librería de Mitsuko». Entre por la primera página, salí por la última y cerré el libro. La historia engancha, está bien escrita, está bien resuelta. Se lee del tirón. El relato te va llevando de la mano y atando los cabos sueltos, sorprendentes en un inicio, previsibles al final.

A pesar de que Aki Shimazaki es canadiense, su origen japonés queda claramente patente en su forma de narrar y en los toques de pensamiento mágico de lo que narra. Y esa pátina japonesa está llevada también al diseño en esta cuidada edición de Nórdica: La imagen de cubierta, de Hasui Kawase, es magnífica, invita a la lectura desde la portada.

La maternidad, la adopción, los lazos familiares: Shimazaki se sirve de la trama para tocar temas profundos, sin profundizar en ellos. Describe de una forma muy aséptica, precisa, y a la vez muy bella, la historia de los personajes y sus relaciones, y deja al lector el peso de la reflexión sobre todo lo que no se nombra.

19/1/21

«Ru», de Kim Thúy [mis lecturas]

«Ru»
Kim Thúy

Editorial Periférica
200 páginas
El efecto que nos causan los libros que leemos dependen en gran medida del momento en el que llegan a nosotros. «Rú», con su arrullo, con su delicadeza, con su tempo lento, se insertó en mi frenesí vital, entre una lectura y la siguiente y demasiadas cosas en la cabeza.

Quizá por eso, la belleza de sus pasajes, la sutil forma de narrar de Kim Thúy, no consiguió traspasar del todo mi barrera de atención y el cansancio ganaba la batalla en muchas páginas. A pesar de ser una novela breve, tardé en leerla. La terminé con un desdén injusto, más achacable a mí que al libro. Prueba de ello, son las frases que dejé subrayadas al leerlo, que son muchas y muy bellas. 

«No conocíamos aún el precio del tiempo, su justo valor, su gran escasez».

«Alguien me dijo que los vínculos se tejen con las risas, pero más aún compartiendo, con las frustraciones de compartir».

«… no había envejecido antes de morir. Había detenido el tiempo al seguir divirtiéndose, viviendo hasta el final con la ligereza de los jóvenes adultos».

«Rú» es poesía en prosa, es un canto a la vida, es mostrar la resiliencia sin mostrar el combate, es enseñar el dolor sin la mueca que provoca, y es, sobre todo, una reflexión lúcida sobre el paso del tiempo, los lazos afectivos, y la maternidad, despojados de los convencionalismos que suelen acarrear estos temas.

«Me gustan los hombres del mismo modo, sin desear hacerlos míos. Así soy para ellos una entre otras, sin un papel que desempeñar, sin existir. No necesito su presencia porque no echo en falta a la gente ausente. Son siempre sustituidos o sustituibles. Si ellos no lo son, lo son mis sentimientos hacia ellos. Por esa razón prefiero a los hombres casados, con alianzas en las manos. Me gustan esas manos en mi cuerpo, en mis pechos. Me gustan porque, a pesar de la mezcla de olores, a pesar de la humedad de su piel en la mía, a pesar de la embriaguez, a veces, esos anulares con historia me mantienen alejada, aparte, en la sombra».

«Juntos, esos hombres me enseñaron a estar enamorada, a ser una enamorada, a desear el estado amoroso. Sin embargo, fueron mis hijos quienes me enseñaron el verbo «amar», quienes lo definieron».

«Mis hijos me dieron el poder exclusivo de soplar una herida para hacer desaparecer el dolor, de comprender palabras no pronunciadas, de poseer la verdad universal, de ser un hada».

18/1/21

mis lecturas

«En cuanto acaba el libro y lo cierra, ya lo ha olvidado por completo. De modo que observa un instante la cubierta, con curiosidad, y acto seguido, busca la primera página y empieza a leerlo». Tengo un imán en el microondas con este microrrelato de Quim Monzó. Me representa. Leo y olvido a la misma velocidad. Suele quedar en mí la impronta que me causa una lectura. Sé si un libro me gustó mucho, poco, nada, pero no logro retener mucho más la mayoría de las veces, pasado el tiempo. 

Para ayudarme a fijar mejor los recuerdos y para compartir la maravillosa experiencia de la lectura, llevaba tiempo rumiando la idea de escribir una pequeña reseña de los libros que voy leyendo.

El magnífico Club de Lectura Libre organizado por Libreramente y el Teatro Barakaldo, y dinamizado por Bego R. Orbezua, en el que participo desde hace unos meses, ha sido el revulsivo que necesitaba para dejar de pensar y pasar a la acción. Empezaré pues por los cuatro primeros libros que hemos leído en el Club. Sobra decir que es una experiencia más que recomendable. 


15/1/21

por más que... cómo no

Cómo no va a afectarnos tanto sufrimiento alrededor, tanta incertidumbre, tantas ganas de vivir encerradas bajo llave.

Cómo no va a afectarnos perder la libertad, las sonrisas, el contacto, intentar controlar lo incontrolable, cada acto propio y ajeno, a cada instante.

Cómo no va a afectarnos la injusticia, la impunidad, la falta de solidaridad de algunos, la irresponsabilidad de otros tantos.

Por más que tengamos suerte, que estemos bien, que libremos la bala otra ronda de disparos.

Por más que tengamos refugio, comida, trabajo.

Por más que nos empeñemos en la alegría, en el vaso medio lleno, en la certeza de que esto también pasará, en todo lo bueno que creamos.

Por más que... Cómo no.

Pasamos de la risa al llanto. Del continuar como si nada, al bloqueo inesperado. Del llanto a la risa de nuevo. Nos bloqueamos y continuamos. Continuamos y nos bloqueamos.

Y menos mal. Menos mal que nos movemos entre la risa y el llanto. Si no fuese así, no seríamos humanos.

5/1/21

a la deriva [ficciones]

Después de este año terrible, lo único que me faltaba era terminarlo así, varada en mitad del océano. Hemos perdido la comunicación por radio y apenas hay espacio en esta pequeña embarcación para los tres que hemos conseguido mantenernos a flote. Restos de una bolsa de patatas fritas y medio zumo caliente con la pajita perdida en el interior del envase son todos los víveres de los que disponemos hasta que llegue el rescate. Si llega. No sé cuánto tiempo llevamos aquí. Casi sin darme cuenta, me estoy deslizando, poco a poco, hasta el borde de la barca... 

_¡Cuidado! ¡Tiburones!

Mi hijo tira de mí con fuerza para rescatarme. 

_No puedes salirte de la manta, mamá, si tocas la alfombra, te comen los tiburones.

Y se come otra patata frita, mientras seguimos a la deriva, esperando el fin de año en el salón.

[Microrrelato escrito para el concurso de cuentos navideños #unaNavidaddiferente]



22/11/20

Fotopoemario «A pesar de la lluvia»

Es real. Huele a libro. Tiene el tacto de un libro. Se siente como un libro. Es mi libro. «A pesar de la lluvia» se quedó en un cajón en 2017, justo después de dar por cerrada la selección de fotografías y poemas que lo compondrían. Adopté un hijo, después un segundo, perdí a mi padre. Y sobre todo, tuve miedo. De mostrarme demasiado. De no ser suficiente. Dejé de pensar en ello. Cerré el cajón.

Y llegó una pandemia mundial. Y quizá porque el miedo se hizo tan grande, mis miedos me parecieron pequeños. Me sorprendí a mí misma explicando en la imprenta cómo quería exactamente que fuese, y respondiendo sin dudar a cada decisión de diseño que había que tomar. Y un libro es un montón de decisiones.

Y de pronto, un día tenía una caja llena de libros, de mis libros, en las manos y no me atrevía a abrirla. Corrí por el pasillo, salté, volví a correr, y finalmente, me detuve frente a ella y me asomé como quien se asoma a un abismo. Pero no caí.

Cada detalle imaginado, cada decisión tomada, estaban allí, eran reales. Lloré, reí, dejé el libro sobre una mesa y me alejé de nuevo, pasillo arriba, pasillo abajo. Volvió el miedo. A mostrarme demasiado. A no ser suficiente. Pero ya no pude dejar de pensar en ello. Ya no quiero dejar de pensar en ello. La caja de Pandora está abierta. Espero que os emocione tanto como a mí.

Más información: https://foto.esaotra.es/publicaciones


21/11/20

«A pesar de la lluvia» a la luz de las velas

Como una pequeña bola de nieve que una hace sólo con la intención de jugar. Y la echa a rodar. Y la bola rueda y rueda, y se hace cada vez más y más grande. Y una corre detrás, viéndola crecer, divertida a ratos, a ratos asustada por si su propia bola de nieve la arrolla...

Desnudarse ante el papel o tras la cámara de fotos es sencillo. Ponerse en pie ante el público de un museo y mostrar lo que haces... Ese desnudo no lo es tanto. Pero la bola de nieve ha rodado hasta aquí. Este sábado 21 de noviembre leeré algunos de mis poemas de «A pesar de la lluvia», junto a Miren Agur Meabe. en el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao. Espero que no me arrolle...


21/10/20

libídine [fotografía]

«Mi cuerpo desnudo y azul
y sobre el lienzo sus manchas.»

El 2 de marzo me llegó el anuncio de que se suspendía la Semana de Humanidades, organizada por la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, debido a la «situación epidemiológica». Tenía para entonces esta imagen producida en dos piezas grandes, listas para ser colgadas en la Sociedad Bilbaina, y no sospechaba lo que vendría después. La pandemia se extendió y paralizó no sólo este evento, sino nuestras vidas enteras. 

Pero la vida siempre se empeña en seguir su curso, y nosotras nos empeñamos en seguir viviéndola. Ahora que el arte y la cultura han demostrado ser más que nunca necesarios para nuestra estabilidad emocional y nuestra salud mental, hay que reivindicarlos como nunca. Si ha de ser con mascarilla y distancia que así sea. Si ha de ser con exposiciones virtuales, también.

Así, esta fotografía de la serie «Libídine» sigue envuelta en papel de burbujas en mi casa, esperando una pared, pero mientras tanto participa en la XLVII Semana de Humanidades del 19 a 22 de octubre, en una exposición virtual que puedes ver aquí.



29/9/20

«A pesar de la lluvia» en el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao [fotografía]

A la luz de las velas. Así fue como conocí el Museo de Reproducciones Artísticas de Bilbao hace ya unos cuantos años. Recorrer las galerías de la antigua iglesia neogótica que alberga el museo entre luces y sombras me sobrecogió. Desde entonces recomiendo visitarlo siempre que tengo ocasión. Lo que nunca imaginé, ni entonces ni ahora, es que mi fotografía y mi poesía se expondrían en sus paredes.

Una selección de mi proyecto «A pesar de la lluvia» formará parte de la exposición «20 cuerpos 20 artistas», comisariada por Fidel Díez Mesa, que se podrá visitar en el museo del 1 de octubre de 2020 al 31 de enero de 2021.

No esperaba exponer en un museo, menos aún en uno tan especial; la inauguración tampoco será como esperaba: No habrá vinos, risas, amigas, abrazos. Habrá aforo limitado, hidrogel, mascarillas, maldita distancia social. Pero celebraremos, «a pesar de la lluvia», haber llegado hasta aquí.

Celebra,
ahora,
aquí,
conmigo,
celebra que estamos vivos.

9/9/20

«Los monstruos» en BAFFEST [fotografía]

Vivimos tiempos muy inciertos, en los que el miedo _el real, el que ataca en el centro de nuestra vulnerabilidad_ está más presente que nunca. Y pese a todo, seguimos haciendo y disfrutando de la Fotografía. Y pese a todo, nos ponemos una mascarilla, nos lavamos las manos y participamos en Festivales... 

«Vivir»
No se puede ser completamente feliz con miedo.
Y nadie que haya vivido lo suficiente,
amado y perdido,
puede vivir sin tenerlo.
Qué putada.

Hoy se ha presentando la exposición retrospectiva «Crear. Revelar. Equilibrar.» organizada por BAFFEST en colaboración con Emakunde, como antesala de la V edición del Festival, en la que participo con una imagen de «Los monstruos». Se podrá visitar en el Parque de los Hermanos de Barakaldo entre el 9 y el 30 de Septiembre. Estoy feliz de volver a las calles con Fotografía, aunque tras la máscara se esconda el miedo... Volveremos a volar...



3/3/20

lo sensato [poemas]

Y qué,
si no me pasa nada más que la vida,
que a veces,
siempre,
no es a veces,
es siempre,
siempre es demasiado intensa.
Y qué,
si sé que para que deje de doler
hay que bajar el volumen,
no ceder a la tristeza,
relativizar,
lo bueno,
relativizar,
lo malo.
Relativizar.
Observarlo todo tamizado
por el filtro de la indolencia.
Caminar en equilibrio
sobre el filo del gris.
Quién quiere vivir así.
Yo.
Acabo de anunciarlo.
A mi terapeuta le ha parecido sensato:
Pedir ayudar,
evitar caer,
centrarme en lo necesario,
trabajo,
familia,
pagar la hipoteca,
la vida adulta y sus urgencias.
Priorizar la importante,
anestesiada,
en la dulce calma de la química.
Y qué,
si mi cerebro no la fabrica.
Y qué,
si no funciona como el resto.
Y qué,
si no relativiza.
Y qué,
si a veces necesito caer
y no recibir consejos
ni bálsamos
ni cuerdas.
Tan sólo quiero dejar de buscar la razón,
aceptarme así,
permanecer
junto a quien pueda asomarse al abismo,
y dejarme saltar,
confiando en que, al fin, no lo haré.
No escuchar la vida sola a este volumen atronador.

3/12/19

de qué hablo cuando hablo de dejar de correr [mis cosas]



No recuerdo mucho de la película «Forrest Gump», pero sí que en un momento dado, tras mucho tiempo corriendo, el protagonista decide parar y para. Simplemente para; se de la vuelta e inicia un lento caminar de regreso al punto del que había partido. Parece sencillo. Simplemente parar.

Vivo corriendo, para llegar no sé muy bien a dónde. A todo, supongo. A ser una trabajadora eficiente, una madre eficiente, una hija eficiente, una amiga eficiente, una consumidora eficiente. Todo me demanda que siga, que llegue, que demuestre, que no me pierda nada. Y aún más: que descanse, que haga ejercicio, que coma sano y hasta que me corra eficazmente. Lo importante es correr, llegar a todo, triunfar. Aunque no tenga la más remota idea de hacia dónde correr, a qué todo llegar, qué demonios significa triunfar.

Como Forrest Gump, he decidido simplemente parar. Lo decidí hace días, meses, años. No lo consigo: La inercia me empuja con fuerza. La inercia y el miedo. Siempre, el miedo. A no ser lo que los demás esperan. A perderme la vida. A quedarme atrás.

Así que, harta de él, comparto mi miedo. Me desnudo y lo enseño, mi parte vulnerable como escudo: Esta soy yo, agotada, diciendo no. No me vais a encontrar en cada llamada, en cada plan de huida, en cada click necesario para que siga en marcha la rueda. Hoy, aquí, mi miedo y yo dejamos de correr. Lo importante, nos esperará.

6/9/19

LOVE 2.0 en Getxophoto [fotografía]

Del 4 al 29 de septiembre se celebra la 13ª edición del Festival Internacional de Imagen Getxophoto, donde mi fotografía «LOVE 2.0» ha sido seleccionada en la convocatoria de Participación Popular

Bajo el lema «El futuro del futuro», la organización ha seleccionado 40 fotografías entre más de un centenar de imágenes recibidas desde todas las partes del mundo, que serán expuestas en los escaparates de bares y comercios de Algorta durante el Festival. Además, se ha editado una pequeña publicación con las obras finalistas.


Si en 2013 participé con una foto de archivo que funcionaba con el tema propuesto, este año, he pensado y realizado la imagen expresamente para presentar a la convocatoria. Lejos del tipo de fotografía que suelo hacer, me ha permitido experimentar y sobre todo, divertirme. Y eso ha sido lo mejor de la experiencia, recordar que esto no es más que un gran juego. La fotografía, digo. Aunque también la vida.


16/7/19

detenida [poemas]


Y qué hago con todas estas ganas
de gritarle a la mañana,
si llego tarde al tren,
al trabajo,
a mi funeral.
Todas las historias que no fueron
y que son dentro de mí,
girando desordenadas.
Esta maraña de caos
que intenta escapar algunos días
y tropieza con sus propias piezas,
y me deja,
detenida,
en este silencio de ondas en superficie
tras la piedra hundida.
Si acercas el oído a mi pecho,
se escucha el alarido.

26/5/19

#24hourproject, madres

Desde que participé el año pasado y dije que no repetiría, sabía que lo haría de nuevo en 2019. Con lo que no contaba era con que este 24 Hour Project me pillaría con un hijo más que la edición anterior y media familia enferma.

Pero cuando una idea prende en mi cabeza, ya nada puede detener el incendio. Desbordada como estoy física, mental y emocionalmente por la maternidad, y siendo el tema de este año nuevamente documentar historias de mujeres, hablar de la maternidad, de las distintas maternidades, era casi una necesidad. Tenía que hablar con otras madres, escucharlas, fotografiarlas, aprehenderlas.

La palabra sororidad retumba en mis oídos un día después de haber llevado a cabo el reto. Pedí madres a través de las redes sociales, con intención de hacer al menos la mitad del día, dadas la circunstancias familiares. La respuesta fue tal que no pude dejarlo en 12. Aún parando 5 horas durante la noche para atender a mis criaturas, y gracias a esa red familiar que me sostiene siempre, finalmente pasaron por delante de mi cámara 24 mujeres, 24 madres, 24 historias de vida con las que aprender, avanzar y no sentirse tan sola.

Susana y Kanaima. Mi última fotografía del #24HourProject 2019
Puedes ver las 24 fotografías aquí: foto.esaotra.es/24hourproject2019

Gracias a todas las madres que han accedido a pasar por delante de mi objetivo para este proyecto. Generosas, sinceras, valientes. Y visibles.


Con las fotografías de los compañeros que terminamos el reto el año pasado en Bilbao, Makusikusi ha creado un ebook maravilloso. Puedes descargarlo aquí: 24hourproject18_bilbao