esa otra que soy yo

3/2/16

en el ascensor [ficciones]

Ya es mala suerte encontrármelo aquí, un día tan importante como hoy. Con el tiempo que llevo preparándolo, y aparece. En el fondo, sabía que lo haría. Quizá lo que tengo que hacer es irme. No me apetece aparentar normalidad con él y menos montar un número de los nuestros. A ver cuánto tardamos. Ha tenido que poner esa sonrisa estúpida según nos hemos topado al entrar. Creía que lo tenía controlado pero no, ha sido ver su cara en el cristal de la puerta y todos los músculos de mi cuerpo se han tensado, como un resorte.

De no haber empujado la señora de detrás para que la puerta giratoria siguiese adelante, me habría quedado allí clavado. Pero he reaccionado. Tengo que hacerlo. No me va a estropear el día. Voy a caminar con seguridad, con la frente alta. He venido a hacer lo que voy a hacer y no va a detenerme, ni él ni nadie. Lo tengo ya muy meditado, más que meditado, me va la vida en ello, se ponga como se ponga, voy a hacerlo. ¿Qué esperaba yo también?, ¿que lo dejase pasar sin más?. No tendría que haberse enterado, pero estando al tanto como está, era inevitable que apareciese.

Intento contenerme mientras camino hacia el ascensor, ignorando que camina imitando mis zancadas y mirándome con violencia. Todos se giran a mirar y, por un momento, se hace el silencio en el gran vestíbulo del edificio cuando grito. “¡Ya basta!” No debería haberlo hecho, no quiero llamar la atención, no voy a dejar que me estropee los planes como otras veces. A estas alturas, sé de sobra que de nada sirven los enfrentamientos y los gritos. Pero me crispa. Su mera presencia me crispa. Quiero hacer esto solo. Pero lo haré con él si no queda otro remedio.

Las puertas de uno de los ascensores se abren de par en par y entro, entramos. Nuestras miradas se cruzan en el espejo antes de girarnos para ver cómo las puertas se cierran de nuevo, engulléndonos. El ruido de los trabajadores del banco cesa, dejando paso al pesado zumbido del ascensor. No puedo creer estar haciendo esto. No puedo creer estar haciéndolo con él. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Sabía que sería un ascenso lento, pero no imaginaba que tanto. Siete. Ocho. Nueve. Sé que estoy sudando porque lo miro de reojo y lo veo sudar. Está tan nervioso como yo. Apuesto a que también tiene la lengua seca. Diez. Once. Doce.

No llega al trece. El ascensor se detiene sin previo aviso. La luz parpadea un momento y después, silencio. “Es una señal”, me dice, clavando su mirada en mí. Me giro hacia los botones del ascensor, más por no verle que por averiguar qué sucede. No. No. No. Esto no puede estar pasando. Tengo todo previsto. La sábana plegada espera en la mochila, lo suficientemente grande para que pueda leerse en las fotos. Sólo faltan unos cuantos pisos más. Muévete maldito ascensor, es mi momento. Lo voy a hacer. Lo tengo que hacer. No escucho lo que dice. Hago fuerza para que no consiga girarme cuando me agarra por los hombros, pero cada vez me cuesta más detenerle y el puñetero ascensor sigue sin dar señales de vida.

Me giro de improviso y lo miro de frente. No se lo espera. Llevo demasiado tiempo planeando esto para no tener alternativa. Compruebo una vez más que sigue en mi bolsillo antes de desplegar la pancarta allí mismo, anudándola alrededor del cuello, como una capa. Tiene sus ventajas hacerlo aquí, ahora que lo pienso. Puedo ver cómo queda. Él sigue y sigue, en un tono cada vez más alto, más histérico, su voz se quiebra entre la rabia y la angustia. “No sigas subiendo, aunque el ascensor continúe. Tómalo como una señal, qué más evidencias quieres, esto es una locura, una jodida locura, hay otras formas, podemos intentarlo de nuevo.”

El ascensor continúa estancado, como mi vida. Tengo que ser rápido si quiero hacer esto antes de que me detenga. Veo el miedo en sus ojos cuando saco el arma. Volar habría sido más efectivo, pero así acaba todo, no hay más remedio. Tras el disparo, aún me da tiempo a besarle en el espejo, antes de caer. “Ves cómo podía hacerlo. Ahora escucharán mi causa. Quizá sea el último al que este maldito banco deja en la calle.”


Un hombre se suicida en el ascensor del Banco Pauperis tras ser desahuciado por impago

Según testigos presenciales, entró hablando solo y notablemente desorientado en las oficinas de la sede central

[Ejercicio Taller de Escritura: Escribir un relato con el siguiente supuesto: Un edificio alto, un ascensor, alguien que detestas, el ascensor se detiene y al final hay un beso.]

10/1/16

mes ocho · 2/2 · #12Fotos12Historias [fotografía / ficciones]


Agnieszka

Camina despacio por la calle, con paso firme, pues no quiere resbalar en la pequeña capa de hielo que se ha creado con los cuatro copos de la nevada de anoche. Vaga un poco sin rumbo fijo, tan sólo por el placer de pasear y recibir algún rayo de sol que se escape de entre las nubes. Tiene los ojos empañados en lágrimas, en parte por el frío, en parte por la visión de jóvenes enamorados agarrados de las manos enguantadas.

Andrzej es un hombre ya mayor. Muy mayor. Quizá de los más viejos de la ciudad, de los que aún conservan en su memoria los horrores de una Guerra Mundial. Viste de negro, siempre, desde que era muy joven. Enfundado en un abrigo de paño, con su boina gris, que es la única concesión que hace al color y unos viejos pantalones negros demasiado largos, que esconden sus zapatos, salvo la punta, desgastados desde hace ya demasiados años.

La ciudad ha cambiado mucho en los últimos tiempos, a mejor. Aunque aún quedan reminiscencias de otros tiempos peores. Como algunos jóvenes que no vivieron aquella época y salen a la calle a proclamar consignas que hacen que Andrzej se rebulla dentro de su abrigo y sienta cómo se le eriza el pelo de la nuca. Nuevas lágrimas afloran en sus ojos que enjuaga con un pañuelo de lino blanco, desgastado en las esquinas de tanto uso, con dos iniciales bordadas en hilo rojo. A.I.

No quiere que le vean llorar, así que hace como que mira un escaparate de una joyería, descuidado, pasando sin fijar su mirada por todos los artículos que allí se exponen, variopintos, mezclas de distintas épocas. Relojes, collares, candelabros, colgantes, anillos... Es ahí, en esa pequeña sección, en una bandeja forrada de terciopelo negro donde el corazón le da un vuelco. Siente que las piernas le fallan, y ha de apoyarse en el cristal.

A su mente acuden unos ojos de color azul como el cielo de invierno, cuando no hay nubes que lo tapen, y una sonrisa perfecta, salvo por un diente algo torcido que trata de esconderse en un intento vano. Unas manos heladas, pequeñas, que intentaban calentarse entre las suyas. Un pañuelo que ella sacó de su abrigo, envolviendo algo pequeño y dejándoselo en su bolsillo. Una lágrima solitaria que resbalaba por aquellas mejillas mientras hombres de uniforme tiraban de ella hacia un vagón de tren sin asientos, repleto de gente. Gritos, lloros, ruegos. Un "Te quiero, mi vida", dicho entre susurros, inaudible salvo para él, luchando por arrancarla de un futuro cierto.

Entra en la tienda despacio, bajando los dos escalones con sumo cuidado. La mano apenas puede agarrar el pasamanos debido a su temblor. Una dependiente solícita se acerca a ayudarle y le pregunta qué es lo que desea. Él, sin articular palabra, entre sollozos señala un anillo de mujer de plata, de talla pequeña, con un cristal de Bohemia incrustado. Jamás lo había visto tan brillante, pero lo había reconocido nada más verlo. La dueña de la tienda se lo acerca y él le pide que lea la inscripción que tiene dentro.

"Agnieszka - Andrzej 20/05/1942"

Sale de la tienda sin saber cómo pagará el alquiler ese mes, pero entre sus manos sostiene con extremo cuidado el pañuelo que le dio ella hace tantos años con lo que tenía dentro. El anillo que le había regalado él una semana antes.

- Ya estamos juntos de nuevo Agnieszka. Te quiero.

Fotografía: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]
Texto: Julián Lozano [Cuervajo]
Proyecto: #12Fotos12Historias

7/1/16

mes ocho · 1/2 · #12Fotos12Historias [fotografía / ficciones]


Seguiré caminando

Cuando la ve por primera vez es tan solo un punto oscuro más en el camino. Está a demasiada distancia para distinguirla. La tierra yerma le deja ver a mucha distancia pero son sus ojos los que marcan el límite; ya no ven tanto como acostumbraban. Al menos percibe algo lo suficientemente grande para no tropezar. Va con cuidado desde la última caída, para evitar las piedras.

A medida que se acerca, la distingue más y más, perplejo, dudando al principio. Parece una silla, una simple silla, en mitad del camino. Avanza un poco más rápido para cerciorarse. Después se detiene y entrecierra los ojos para enfocar mejor. No hay duda. Es una silla. Vacía. Busca con sus ojos pisadas alrededor, algo al margen del camino que le indique qué hace allí. Nada. Parece abandonada a su suerte sin más.

Sigue acercándose, pensando quién la habrá dejado allí, tan bien colocada. Parece esperarle. Y a él le duelen demasiado las piernas como para no pensárselo. Está casi al lado ya. Se detiene frente a ella. Gira sobre sí mismo, despacio. Nada. Está tan solo como en el resto del camino. Quiere sentarse. De eso no duda. Duda de la silla. Debe tratarse de una broma. Tan pronto como se deje vencer sobre ella, las patas cederán y rodará por el suelo. Quizá aparezcan entonces los artífices de tan absurda trampa, riendo. Pero mira a un lado y a otro y no parece haber nadie.

Observa la silla sin prisa, la inspecciona, la mueve un poco. Mirando una vez más a su alrededor, decide sentarse. Cierra los ojos a la vez que se acomoda en ella. No recordaba que le doliesen tanto las rodillas. Cuánto tiempo debe llevar caminando. Está agotado y ahora lo percibe, al entrar en contacto con aquella silla que ha aparecido, como por arte de magia, en su camino. Como un tazón de sopa caliente en las noches de frío, como el beso de una madre sobre la herida, la silla le calma. No lo entiende bien pero se deja cuidar por ella. Está solo, parado en mitad de ningún sitio, sentado en aquella silla que siente que no le pertenece y que a la vez le estaba esperando. A él. Por fin. Le hacía falta un jodido descanso.

Pierde la noción del tiempo. Divaga pensado en su suerte, en el camino recorrido, en lo que le ha llevado hasta allí, en todo lo que queda por delante. Minutos, horas, días. El cansancio va remitiendo. De pronto, el viento sopla con fuerza y abre los ojos. Se pone de nuevo en pie. Camina. Lentamente, la silla va quedando atrás. De cuando en cuando, él se gira y se detiene a observarla. No puede evitar sonreír. No tiene sentido. Pero es real, está allí y, en cierto modo, lo ha salvado. Llega un momento en que está demasiado lejos para distinguirla. Vuelve a ser sólo una mancha en el camino. Después, simplemente, desaparece.

Ya no está pero él es capaz de verla, de sentir la calma que le inundó al encontrarla, sólo con cerrar los ojos. Sin acabar de entenderlo y contra toda lógica, sabe que allí seguirá, cuando vuelvan a fallarle las fuerzas.

Hay personas que son esa silla.

Fotografía: Julián Lozano [Cuervajo]
Texto: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]

20/11/15

soy rara [mis cosas]

No puedes saber lo que es hasta que lo vives. Es imposible describirlo con palabras. Te sientes... Viva. Plena. Parte de algo más importante que tú misma. Ser madre es lo mejor que una mujer puede ser en la vida.

Llevas oyéndolo toda tu vida. Más pronto o más tarde, todas las mujeres a tu alrededor pasan a ser llamadas madres. Familiares, amigas... Si te lo dicen con esa vehemencia, ¿cómo puede no ser verdad? ¿Por qué alguien querría perderse por voluntad propia un momento vital tan trascendental?

Porque eres rara.

Esa es la conclusión a la que llegas. O a la que te hacen llegan. Van a escuchar tu discurso, pensado y elaborado durante años. Ese discurso que te ha costado enfrentarte a tus dudas y muchas lágrimas conseguir. Corto, conciso, sólo la punta del iceberg de reflexión, autoafirmación, conciencia y miedo que se esconde detrás. «No quiero ser madre biológica. Hay ya demasiada gente en el mundo.»

¿Ves como eres rara?

Quizá si dejásemos de asumir la inercia como normalidad, lo establecido como correcto, los deseos propios como extrapolables al resto, si yo misma pudiese librarme del peso autoimpuesto de la moral vigente, todo sería más normal de verdad.

Aunque yo qué voy a saber, si soy rara.

19/11/15

este invierno [poemas]

Este desayuno atragantado entre noticias de última hora.
Esta mirada perdida al otro lado de la pantalla.
Esta letanía que ya no sabe si la radio está encendida o apagada.

Me duelen las dos Españas.

Este manojo de penas.
Este espejo que no devuelve la mirada.
Este no ser capaz de entender nada.

Y ya nadie vence ni convence.

Este esfuerzo diario por levantar la alegría.
Estas ganas de esconderse tras las persianas.
Este silencio que repite a gritos palabras desgastadas.

Y más de un millón de cadáveres buscando casa.

No va a ganar la batalla la apatía.
Apretaremos los dientes y regaremos las ganas.
Vendrán nuevas golondrinas
y sonreiremos con la frente alta.

12/10/15

lo que queda [fotografía / poemas]


Los platos en la alacena.
Ese jarrón que te empeñaste en comprar y que era demasiado grande para cualquier rincón de la casa.
Aquel camisón sin estrenar.
Restos de pelos en la cuchilla.
En el cepillo.
En el sumidero.
El bote de gel a medio tapar.
Las fotos que guardaste donde creías que nadie las iba a encontrar.
Las entradas de todos los conciertos.
La servilleta sucia donde te escribió su teléfono.
Lo que habría pasado si hubieses llamado.
Ahí siguen intactos,
esperando,
todos tus recuerdos marchitos.
Tiempo detenido bajo polvo en suspensión.

Y no hay más.
Serán otros los que revisen tus enseres.
Los que vulneren tus secretos.
Los que descubran quién fuiste cuando nadie te miraba.

Somos lo que decidimos guardar en nuestros cajones,
cuando aún creemos que habrá tiempo para ordenar.

11/10/15

mes siete #12Fotos12Historias [fotografía / poemas]


Los platos en la alacena.
Ese jarrón que te empeñaste en comprar y que era demasiado grande para cualquier rincón de la casa.
Aquel camisón sin estrenar.
Restos de pelos en la cuchilla.
En el cepillo.
En el sumidero.
El bote de gel a medio tapar.
Las fotos que guardaste donde creías que nadie las iba a encontrar.
Las entradas de todos los conciertos.
La servilleta sucia donde te escribió su teléfono.
Lo que habría pasado si hubieses llamado.
Ahí siguen intactos,
esperando,
todos tus recuerdos marchitos.
Tiempo detenido bajo polvo en suspensión.

Y no hay más.
Serán otros los que revisen tus enseres.
Los que vulneren tus secretos.
Los que descubran quién fuiste cuando nadie te miraba.

Somos lo que decidimos guardar en nuestros cajones,
cuando aún creemos que habrá tiempo para ordenar.

Fotografía y texto: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]

22/9/15

el miedo del impostor [poemas]

Yo que conozco cada una de mis miserias,
mis bajos instintos,
mis equivocaciones,
mis torpezas,
la tristeza que late baje mi piel
cuando se conjura la tormenta contra mis muros,
lo negro que sé que puede llegar a ser el agujero donde me hundo.
Yo que he mirado a los ojos al monstruo y no he intentado huir.
Yo que he aceptado ser todos mis fracasos...
Cómo no voy a temblar de miedo
cuando la ropa cae y me miras sin máscara.
Sonrío con la sonrisa del impostor,
que espera ser desenmascarado,
y a la vez que nunca acabe el sortilegio
que te hace verme digna de tus días.

16/8/15

tus rutinas [poemas]

Doblo la servilleta con los mismos pliegues exactos con los que lo haces tú,
y la dejo en tu trozo de mesa vacía.

El cojín y la almohada en el lado frío de la cama, el que guarda tu ausencia,
colocados como si aún fueras a recostarte a leer.

Tu cepillo de dientes olvidado en la repisa, lejos del bote donde debería,
pálido reflejo de tu despiste y de tu prisa.

El mando de la tele inerte en el brazo del sofá que mulle tus sueños a deshora.
Tu cerveza favorita llenando el silencio de la nevera sombría.

Tus gestos cuando crees que nadie te mira,
tu despertar perezoso,
tu risa cansada,
tus gemidos ahogados,
tus abrazos incendiando las noches,
tu voz dibujando el surco de los días.

Los fantasmas de tus rutinas ululando a mi melancolía.

Doy un portazo al salir y retumba el eco de lo que soy sin ti.
Hace demasiado tiempo que ésta ya no es mi casa si tú no la habitas.

30/6/15

mes seis #12Fotos12Historias [fotografía / viajes]

El clic

No hay silencio. Tampoco ruido. Un rumor sordo lo llena todo. La luz es tenue. El calor, sofocante. Avanzamos lentamente mientras nos explican el trabajo que hacen allí con los niños. Cualquier enfermo inspira respeto y compasión, pero algo se te agarra fuerte en las entrañas cuando se trata de niños. Y no te suelta.

Apenas sé dónde poner la mirada. La cámara de fotos se vuelve un peso insoportable sobre los hombros. Somos intrusos en este intento de paz. Pongo la tapa al objetivo y sólo observo. Intento sonreír. El fotógrafo desaparece. Sólo queda la persona. Y ese algo agarrado en las entrañas.

Es el niño quien me sonríe primero, señalando la cámara. En brazos de su madre, febril y pequeño, me sonríe. Ella me mira también, buscando una respuesta en mis ojos. Tardo unos instantes en reaccionar. Con timidez, sabiendo la invasión que supone hacer esa foto, enciendo la cámara, enfoco y aprieto lentamente el obturador. La respiración contenida. El rumor sordo. La luz tenue. El calor sofocante. Su dignidad mirando a mi objetivo. Clic.

La sonrisa que me devuelven cuando se reconocen en la pantalla de la cámara. Esa sonrisa es la respuesta. A por qué hago fotos. A por qué estoy en este hospital. A por qué he venido a la India. A por qué no pierdo la fe.

La Humanidad puede salvarse. Vuelvo a creer.



Escrito durante la visita al Hospital de Bathalapalli, de la Fundación Vicente Ferrer, en Anantapur (Andhra Pradesh, India).

Fotografía y texto: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]

18/6/15

yo no soy valiente [viajes / mis cosas]

Yo no soy valiente. Cada viaje es sólo otra forma más de huir. De los demás. De mí misma cuando me vuelvo insoportable. Cuando de tanto darle vueltas a mi realidad, dejo de pensar en la que me rodea. Yo no soy valiente. Porque lo valiente quizá sería quedarse. 

Soy incapaz de enfrentarme a mi realidad pero me puedo enfrentar a otras. En vez de quedarme atascada en lo que no puedo hacer, hago lo que sí puedo. Simplemente. El valor está de más en todo esto. Tras mis decisiones, sólo se esconde el miedo y la firme convicción de que el mundo lo mueven las acciones, no las palabras, ni tan siquiera las ideas.

Una semana en el campus de la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur. Con todo mi miedo y mi cámara de fotos. A 8.000 kilómetros de aquí sé que tampoco voy a encontrar lo que busco para encontrar la calma. Pero es algo que sí puedo hacer. Es algo que tengo la suerte de poder hacer. Y voy a aprovecharla. Yo no soy valiente. Valientes son los que me esperan allí.


Hago fotos para encontrar un cierto orden en el desorden que es el mundo.


27/5/15

mes cinco #12Fotos12Historias [fotografía / poemas]


Volver. Siendo otra vistiendo la misma camisa. Desandar el camino que me alejó de quien soy. De quienes fuimos. De este ahora de silencios insoportables. De miedos gritando sin voz. De ganas encerradas como fieras. En esta cárcel en la que nos hemos convertido. Volver. Con lo aprehendido. Con los pies cansados y el alma nueva. Volver. Sabiendo que son mis pasos certeros los que buscan de nuevo el camino hacia horizontes conocidos. Volver al yo que fui contigo.

Fotografía y texto: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]

29/4/15

mes cuatro #12Fotos12Historias [fotografía / poemas]


Soy todas mis dudas y un montón de miedo.

He soñado que salía con calcetines de lana y tacones a la calle,
y eso era lo raro,
no que caminase desnuda con los brazos en alto.

Me he preguntado por qué tantas veces
que he olvidado a qué le quería buscar un porqué.
O a quién. Siempre es a mí.

Siempre soy yo. Caminando en círculos. Siempre soy yo.
Yo y mi miedo. A perderlo todo. A encontrarme a mí.
Yo y todos los demonios que encierro.

Si supiera escribirlo, no me haría falta buscar la puerta de la jaula.

Fotografía y texto: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]

14/4/15

mes tres #12Fotos12Historias [fotografía / ficciones]


Para que no se olvide

Hoy es una piedra más tan sólo. Un muro gris que se alza anónimo bajo un sol radiante. Radiante y mudo. La hierba sigue creciendo milimétrica e imperceptiblemente. Las primeras flores de la temporada empiezan a hacer su tímida aparición. La Primavera, con esa calmada y provocadora invitación a la alegría.

Es un lugar bonito. Te dejas llevar por la brisa, los rayos de sol y el cielo azul, y lo es. El silencio lo llena todo. Retumba. Una bandada de pájaros lo rompe en el justo momento en el que se vuelve insostenible. Una lágrima resbala por tu mejilla, casi involuntariamente. La angustia sube por tu garganta como una bilis negra que te recuerda dónde estás, que te hace casi oír en mitad de ese silencio atronador los disparos, los cuerpos cayendo inertes contra ese muro gris que hoy es _parece_ una piedra más tan sólo.

Los fusilamientos solamente fueron una forma más en la barbarie que supuso el Holocausto. Quizá la mejor de las muertes allí, si se puede decir eso de alguna de ellas.

Recorrer Auschwitz, tocar sus muros, entrar en sus barracones, en sus letrinas, ver los objetos personales de quienes intentaron mantener su vida y su dignidad cuando los convirtieron en simples números a borrar, estar tan cerca de la fragilidad humana, y del monstruo en el que nos podemos convertir es... Devastador. Incomprensible. Irrespirable.

No ha pasado tanto tiempo. No estamos tan lejos. Nos lo siguen escupiendo los telediarios. Eso es lo que más asusta. Cada vez que los discursos xenófobos avanzan en nuestro mundo y nosotros lo permitimos, nos acercamos un poco más a la barbarie.

Por eso es bueno visitar Auschwitz. Por eso es bueno dejar que la angustia casi nos ahogue. Por eso es bueno volver a llorar esas muertes. Para que no se nos olvide. Para que jamás se repita. Para que sigamos siendo seres humanos.


Fotografía y texto: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]

21/2/15

carpe carpe diem [poemas]

Sabes lo que es Carpe Diem la primera vez que le pones a tu padre un pañal. Lo sientes en las entrañas la primera vez que te mira tras hacerlo.

Sabes lo que es Carpe Diem cuando ves familias pidiendo ayuda para poder comer. Lo sientes en las entrañas cuando es la tuya a la que se la prestas.

Sabes lo que es Carpe Diem cuando convives con la miseria en un arrabal cualquiera del mundo. Lo sientes en las entrañas cuando vuelves a tu vida sabiendo lo que dejas allí.

Sabes lo que es Carpe Diem cuando ves un coche destrozado en la cuneta. Lo sientes en las entrañas cuando abrazas a la madre del conductor en su funeral.

Y vosotros llorando por ver marchitar las flores, la lluvia tras el cristal, este frío invierno que no cesa... Dejad de escribir Carpe Diem, poetas, y vivid.

25/1/15

la torre loizaga #visitablogger

Salimos de viaje y enseguida preparamos una lista de todo lo que hay que visitar en el lugar al que vamos. Nos documentamos, leemos la historia de los monumentos, conocemos el entorno... Hasta el último pedrusco sin relevancia mencionado en las guías de viaje acaba inmortalizado en nuestra cámara de fotos. Y sin embargo, muchas veces lo que nos queda cerca de casa se queda sin nuestra atención. Aunque lo que tengamos cerca de casa sea una verdadera joya. 

Esto me ha pasado con la Torre Loizaga. Imperdonable. Pero la suerte ha estado de mi lado, y me ha llevado a visitarla este fin de semana, gracias a la organización de GetxoBlog y a la hospitalidad de María López Tapia de la Vía, sobrina de Miguel de la Vía, a quién le debemos la recuperación de esta torre de defensa del siglo XIV, y las joyas que alberga: Una colección de coches antiguos y clásicos, reconocida como una de las mejores colecciones privadas del mundo.

La Torre Loizaga está en Galdames, en el impresionante marco natural de las Encartaciones, a 30 km. de Bilbao, y se puede visitar los domingos y festivos de 10:00 a 15:00 horas. Si vienes de fuera, es una visita más que recomendable; si eres de aquí, diría que obligada. Y lo digo entonando el mea culpa por haber tardado tanto tiempo en visitarla... No será mi última visita.


14/1/15

tu calma [poemas]

La soledad que devuelven los espejos,
la tristeza que vomitan los diarios,
el tedio de los días de lluvia con paraguas,
esta indiferencia que se lamenta pero no cambia...
Como una sombra negra en las entrañas.

La cabeza que no para,
el qué vendrá después,
el cómo haremos frente a la desgracia,
los porqués que cortan como una daga...
Y esta sombra negra extendiéndose como una plaga.

Se enredan unas noches con otras,
los días se empañan,
ya no sé si el tiempo va demasiado deprisa,
o se estanca...
Y entonces, tu calma.

Tu calma,
como una bandera blanca en el campo de batalla,
como la mano al borde del precipicio,
como el norte de todos mis mapas.

6/1/15

mes dos · 2/2 · #12Fotos12Historias [fotografía / ficciones]


La sorpresa

Había estado ya antes en aquella ciudad milenaria.

Era consciente de que a lo largo de los siglos miles y miles de personas habían recorrido kilómetros y kilómetros en busca de aquellas calles, de aquellos escalones, en busca de redención, en busca de paz, aunque no era algo que hubiera pensado mucho.

Pero cuando recibió la respuesta a aquel mensaje al que llevaba tanto tiempo dándole vueltas, aquel mensaje que había estado tantas veces a punto de enviar antes de decidirse finalmente a hacerlo, aquel mensaje del que no sabía si recibiría respuesta, trastabilló mientras bajaba aquellas escaleras con la sorpresa.

Y eso que lo que no sabía, lo que no podía imaginar, era que ese mensaje y esa respuesta marcaban el inicio de su particular camino hacia encontrar una paz que hacía mucho tiempo que no sentía.

Sin saberlo ni buscarlo, se había convertido en un peregrino más en aquella ciudad milenaria.

Fotografía: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]
Texto: Javier Pedreira [Wicho]

2/1/15

mes dos · 1/2 · #12Fotos12Historias [fotografía / ficciones]


La pérdida

Estaba sentado de espaldas a la puerta de la cocina, cabizbajo, el pelo ligeramente revuelto, la bata de cuadros fuertemente anudada alrededor de una cintura demasiado estrecha para la altura que se le asumía. No se giró cuando entraron. Tampoco al oír su nombre. Cuando le ayudaron a incorporarse, simplemente giró su cabeza e hizo una mueca que no logró corresponder con ningún sentimiento. La mirada vacía cuando sus ojos coincidieron. Su compañero le ayudó a salir de la cocina y después de la casa. Él se quedó aún un rato más observando la escena desplegada sobre la mesa, mientras oía sus pasos alejarse escaleras abajo. Una vida en imágenes de bordes raídos y nombres desgastados por la memoria. Se imaginó a sí mismo ordenando sus recuerdos, en un intento desesperado por retenerlos como hacía aquel hombre. Aquellos álbumes no eran los suyos, pero se reconocía en ellos. Se estremeció. Instintivamente dirigió su mano a la cartera donde llevaba las fotos de su mujer y sus hijos. Lamentó no llevar ninguna de sus padres. Estaba pensando en ponerle remedio a eso cuando la voz de su compañero desde la puerta lo devolvió a la realidad. Echó un último vistazo a las fotos. Quizá de todas las pérdidas, la de la memoria es la peor, pensó, puta vida. Giró sobre sus pies, apretó los dientes y se dispuso a ejecutar el desahucio.

Fotografía: Javier Pedreira [Wicho]
Texto: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]

17/12/14

pide un deseo... #1millonGRACIAS

Imagina que pudieses pedir un deseo. Sí, ya somos mayores para creer en deseos que se cumplen con sólo pedirlos. Olvídate de eso y piensa tu deseo. Deja que tu niño interior lo pida, si tú no te atreves. Cierra los ojos. Concédete el tiempo para pensarlo. Deja de pensar en todo lo demás. ¿Lo tienes? ¿Qué pedirías?

Ahora imagina que eres el papá, la mamá, el hermano, la hermana... de una de las más de 3 millones de personas que conviven en nuestros país con una enfermedad de las denominadas raras; de esas que sobrepasan las 7.000 y para las que nuestra depauperada Sanidad Pública no tiene medios. Imagina que tú mismo la sufrieras y experimentaras por ti mismo la impotencia de saber que no sólo no existe tratamiento, sino que nadie lo está buscando. Porque no es rentable. Porque no hay recursos. ¿Cuál sería tu deseo entonces?

¿Y si pudiésemos hacer algo para que tú pidas tu deseo y se cumplan también los de otros? ¿Y si creemos por un momento que podemos cambiar las cosas? ¿Y si lo hacemos?


#1millonGRACIAS es una campaña organizada por un grupo de entidades (Axa Seguros, Colegio de Médicos de Bizkaia, Fundación Stop Sanfilippo, Improve Chage, Radio Nervión, Solidarters, Telebilbao y Xupera) para recaudar los 700.000 euros que la Fundación STOP Sanfilippo* necesita reunir de aquí a marzo para poner en marcha un ensayo clínico en el Hospital Universitario de Cruces.

¿Y dónde entráis tú y tu deseo en todo esto? Desde hoy mismo y hasta el próximo día 4 de enero, puedes comprar un globo _para tu niño interior lo llamaremos mágico_ por un precio simbólico de dos euros, escribir tu deseo en un papel que se adjunta con él, meterlo dentro, hincharlo y colgarlo en tu ventana. Así, el Olentzero, Papa Noel o los Reyes Magos sabrán cuando vayan a dejarte tus regalos, que hay niños que necesitan un regalo muy especial: Una cura.

Tienes toda la información sobre la presentación de la campaña y los puntos de venta aquí: www.colegiomedicosbizkaia.com


*La fundación STOP Sanfilippo es la primera organización de pacientes que financia un ensayo clínico en nuestro país, creando así un nuevo modelo que quizá pueda servir de solución a otras muchas enfermedades raras.

La enfermedad de Sanfilippo o MPS III es una enfermedad neurodegenerativa precoz y severa, conocida coloquialmente como el alzheimer de los niños, que precisa de un diagnóstico temprano y de nuevas terapias para revertir su historia natural.


NECESITAMOS VOLUNTARIOS. Llama o rellena este formulario: Voluntarios #1millonGRACIAS


26/11/14

no volverán las golondrinas [poemas]

Quizá no sea más difícil y sólo sea más consciente
de que no volverán las golondrinas,
de que esta angustia es para siempre,
de que lo no dicho, hecho queda,
y que los hechos pesan como piedras.

Quizá no sea la edad y sólo sea la ausencia
de besos con sabor a leche y galletas,
de ese nudo en las entrañas cuando faltas,
de las ganas brincando en el estómago cuando llegas,
y de tu risa rodando como un puñado de cerezas.

Quizá sea que hoy cayeron demasiadas bombas en las noticias,
que he vuelto a comer sin ti la sopa fría,
que sólo sé ayudar a los que me quedan lejos,
que me siento injusta, tonta y vacía mirándome el ombligo,
y que no supe pedir que te quedaras conmigo.

O quizá sólo sea que llueve ya desde hace demasiados días...
Tengo las maletas preparadas para escapar sin ellas
y una pregunta apretada en mi mano derecha.
Mientras no te la lance, es mía tu respuesta,
y vendrás conmigo a buscar tierra seca.

23/11/14

mes uno · 2/2 · #12Fotos12Historias [fotografía / ficciones]


Olor a mar

A veces, sólo a veces, porque el mar es celoso con sus secretos, este se alía con el aire para que su olor lo impregne todo de una forma que se sale de lo habitual.

Esos días los que llevamos el mar dentro sentimos más que nunca su atracción y funcionamos como a cámara lenta, perdidos en el reclamo de un mar siempre cambiante y siempre igual, un mar que seguirá ahí mucho después de que cualquiera de nosotros no sea tan siquiera un recuerdo remoto en la mente de nadie, mucho después de que se hayan convertido en polvo todos los libros que hablan de nuestra especie.

Pero esa misma sensación de insignificancia, si eres capaz de entender lo que te quiere decir el mar, es la que te hace pensar en lo importante que es aprovechar el poco tiempo del que disponemos en un universo al que en realidad le somos indiferentes para que al menos mientras estemos aquí a alguien le importe que estemos vivos, para que nos importe estar vivos, para esforzarnos en conseguir que haya merecido la pena haber vivido cuando se acabe nuestro turno.

Si puedes sentir el dolor de esta barca, si preferirías verla hundida bajo la superficie del mar que yaciendo rota a unos pocos metros de este, entonces esta foto te huele a mar como este solo lo hace a veces, cuando decide aliarse con el aire para intentar recordarnos lo que somos y, por un rato, revelar sus secretos a quien sepa escuchar.

Y lo lamentas por aquellos a los que esta foto no les huele a mar.

Fotografía: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]
Texto: Javier Pedreira [Wicho]

15/11/14

seguir soñando [poemas]

Lleva demasiado tiempo lloviendo sobre mojado,
tanto que se nos han desgastado las metáforas,
sólo nos queda el cansancio.

El desencanto se ha mudado a la ciudad,
caminamos con prisa, sin mirarnos,
como si supiéramos a dónde vamos.

Guerras, enfermedades, paro,
desahucios, primas de riesgo, desfalcos,
hambre, violaciones, miedo,
morimos un poco con cada telediario.

Regamos la fe por si vuelve a crecer,
como quien combate la soledad
encendiendo la radio.

Y de pronto, en la inmensidad del espacio,
se enciende una luz, resucitamos,
una foto en blanco y negro nos recuerda
que podemos seguir soñando.

9/11/14

mes uno · 1/2 · #12Fotos12Historias [fotografía / ficciones]


Separación

Los dos levantaron la mano en el momento en el que el tren comenzó a moverse. Uno se giró en su asiento y extendió su brazo hacia atrás. Otro, de pie en la estación, lo extendió hacia delante. Ambos tocaron aire.

Y se les encogió el corazón, a pesar de que ninguno dudaba de que hacían lo correcto. Nadie lo entendería. No aceptarían verlos juntos y quién sabe cómo acabaría aquella historia de no poner tierra de por medio. Un tren primero y un avión después los alejarían lo suficiente para estar a salvo.

A qué poco les había sabido el breve tiempo que habían compartido, tras tantos años intentándolo. Toda una vida dedicada a conseguir verse juntos, para acabar decidiendo que lo mejor era separarse, no arriesgarse. Al fin y al cabo, los dos sentían lo mismo, el mismo pánico a acabar convertidos en ovejas de laboratorio.

Ambos bajaron la mano a la vez. Uno dentro del tren. El otro, el mismo, fuera. El agujero en el estómago se hacía más y más grande a medida que el tren se alejaba. Cerraron los ojos en el mismo momento, evocando su historia. Tener que vivir separados era un tributo razonable a cambio de la satisfacción de su descubrimiento. La fama les sobreviviría. Su legado quedaría en los libros. La Historia hablaría de él, de ellos. Una sonrisa, idéntica, se dibujó en sus caras mientras se alejaban.

Fotografía: Javier Pedreira [Wicho]
Texto: Asun Martinez Ezketa [Esaotra]

3/11/14

la herrumbre [poemas / fotografía]


Todo lo destruye el tiempo. La cura es tan sólo un alivio temporal.

Lo que fuimos, lo que soñamos ser, el futuro que nos prometimos,
caerán como hojas secas a los pies del olvido.

Sólo quedará silencio tras el rugido del motor,
se oxidará aquella lata donde ahorramos lo que pudimos,
el colchón sobre el que fuimos salvajes se descompondrá con los sueños que no cumplimos.

Todo lo ocupará la herrumbre.
No nos llorarán los hijos.
La tierra yerma nos tragará.

Celebra,
ahora,
aquí,
conmigo,
celebra que estamos vivos.